domingo, 6 de enero de 2008

Una fotografía de García Casado

No recuerdo si nos hemos visto alguna vez, en algún tinglado de jóvenes poetas. Habremos hablado por teléfono en dos o tres ocasiones. En Caleta publicamos, hace ya mucho, un par de poemas suyos. Pero lo cierto es que Pablo García Casado es de los pocos muñidores de versos de mi quinta que de veras me gustan, junto a José Luis Rey, Yolanda Castaño, Andrés Neuman y pocos más. Su último libro, Dinero, ha sido espléndidamente recibido, y con justicia. Podría venderse como un buen conjunto de microrrelatos, de no ser por el oído musical que acompaña a todas sus piezas, y por ese sugerir más que decir, y por ese modo de abordar la cotidianidad más prosaica desde la sensibilidad del verso. Llámalo como quieras, pero llámalo literatura. Buena literatura.
Ayer, maquetada la entrevista que le hice en Navidades y a punto de enviar a imprenta, no teníamos en el periódico ninguna foto suya decente. Lo llamé para que me enviara alguna con suficientes píxels, y no tardé en recibirla. García Casado no áparecía vestido de dandy ni posando en las escaleras de ningún ateneo, sino en mangas de camiseta, ante una especie de solar. Le hacía ilusión, me dijo, salir retratado en su barrio de adopción, Sevilla Este. Y sé que no es figureteo. Cuando la crítica alaba un libro, el poeta tiene que volver al barrio, ése que le inspira y en el que respira, donde los vecinos nunca te leerán, pero igual les hará gracia reconocerte -a ti, el de la cola del pan, con el que coinciden al tirar la basura- abriendo página en los papeles.

2 comentarios:

Pablo dijo...

me ha hecho mucha ilusión salir en el correo de andalucía. uno tiene la sensación de exilio permanente en sevilla, por mi vinculación física a la periferia. gracias, nuevamente, por poner en orden mis ideas...

alejo dijo...

Ojalá todos los días pudiera escribir sobre poemarios, amigo, de modo que ha sido un placer. De la periferia al centro hay apenas un par de autobuses, detrás del mercado de la calle Feria tienes tu casa y en la Alameda siempre hay algún garito abierto para tomar café y copa: quedas invitado. Un abrazo.