sábado, 26 de enero de 2008

Ruibal, una noche más

En el momento de escribir estas líneas, estoy recién llegado del concierto de Javier Ruibal en la sala Malandar, y desde la mesa alcanzo a ver las doce carpetas que me recuerdan que soy el biógrafo autorizado más lento e inútil del planeta. Me asiste una excusa: no quiero escribir sobre este músico con ligereza, ni echando mano de recursos facilones, no quiero aliviarme ni buscar atajos. En resumen, no quiero hacer en un libro lo que él nunca ha hecho en sus discos.
Abrió el recital Joaquín Calderón, con quien he tenido el gusto de compartir escenario. Fue en la Central Lechera, con Juanlu Pineda, y me cupo el honor de tocar el cajón para la versión que hicieron mano a mano de esa belleza de canción que es A dónde van, de Silvio Rodríguez. Después ha salido Javier, con quien también tocamos una vez, para un público escaso, manifestándonos contra la central térmica de Arcos. Pero lo he visto y oído en palacios diputacionales, en plazas concurridas, en teatros de lujo, en garitos inmundos, para grandes auditorios y en petit comité, en el salón de su casa de El Puerto cuando estaba a punto de grabar Las damas primero, en una fiestecita que hizo Charito Ramos en su campo, en la televisión y en DVD, y siempre, siempre, sabe llegar, te atraviesa, te conmueve, te arranca una sonrisa, te eriza la piel. Ese libro voy a escribirlo, pero aunque nunca alcance a producir las sensaciones que transmite su música, que al menos no sea una baratija, que haga honor a ese hombre que ha vuelto a cantar y a tocar como nadie, una noche más. Y no me preguntéis más para cuándo esa biografía, que con presión me va a salir peor. Pero gracias por la paciencia, ruibaleros.

2 comentarios:

Ivan dijo...

cómo te entiendo... tampoco hay mozo de espadas biografero y conjurado más lento en el planeta. Prometo arrimar el hombro, no para escribir la biografía - carezco de la energía necesaria - pero al menos para soportar juntos la vergüenza de no haberla escrito todavía. Abrazos y recuerda: ante la duda, pon otro disco de Ruibal.

i.

alejo dijo...

Lo bueno y lo malo de los discos de Ruibal es que te transportan: a otros mundos posibles, pero también lejos del teclado, que es donde se fraguan las biografías. Todo será ponerse, hermano. El día menos pensado...