Joe Sacco. Reportajes.
Stephen King. Las hermanitas de Eluria.
El Roto. Camarón que se duerme (se lo lleva
la corriente de opinión).
Maco. Aloha.
Johnny Ryan. Pudridero.
Daniel Clowes. Mr. Wonderful.
Joni B. Maldito planeta azul.
VV.AA. El dinero en The New Yorker.
José María Bernáldez. El señor Rumasa.
Miguel Roig. La mujer de Edipo.
Waguih Ghali. Cerveza en el club de snooker.
José Carlos Llop. Suite. parís 1940.
Sara Mesa. Cuatro por cuatro.
Boris Pasternak. Días únicos.
Tomas Tranströmer. El cielo a medio hacer.
Tomas Tranströmer. Deshielo a mediodía.
Tomas Tranströmer. Bálticos y otros poemas.
Antonio Deltoro. Los árboles que poblarán el ártico.
Marcos García Rey. Lengua(s) de cobre.
Javier Lorenzo Candel. Territorio frontera.
Patricia Fernández-Pacheco. Casa de citas.
Patricia Fernández-Pacheco. Manual para acróbatas.
Francisco Deco. Frottages.
Mario González Reina. Una parker casi nueva.
José I. Montoto Mariscal. Diario del fin del mundo.
Julio César Jiménez. Las categorías de Kant no funcionan en la noche.
Guillermo Morales. Ellos son mejores.
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martes, 4 de diciembre de 2012
domingo, 20 de mayo de 2012
García Montero, oficina de objetos queridos
Poco que añadir a la entrada que le dediqué hace algún tiempo. Desde entonces, Luis se ha habituado a unas gafas -de vista cansada, presumo- que se separan por el puente y le cuelgan sobre los hombros, la adorable hija que conocí en Rota se ha convertido en una simpática punk, ha sonado para consejero de Cultura y ha visto a su Madrid ganar una liga. La vida, que no hay quien la pare...
–En su último libro, Una forma de resistencia, propone un diálogo con los objetos cotidianos. ¿Puede llamarse a eso materialismo dialéctico?
–Bueno, digamos que es una dialéctica que tiene muy en cuenta la materia...
–¿Hoy tendemos a confundir, más que nunca, valor y precio?
–Ahí don Antonio Machado acertó de lleno, y definió buena parte de lo que es la razón de la sociedad de consumo y la economía especulativa.
–El nuevo diseño que apuesta por casas diáfanas, sin objetos o con objetos invisibilizados, ¿qué quiere vendernos?
–Una experiencia de deshumanización, que puede llegar al extremo de los sepulcros-dormitorio, de esos hoteles japoneses donde las habitaciones son cápsulas. Y creo que un racionalismo deshumanizado no es una buena receta para el mundo en que vivimos. Fíjate en el sentido peligroso que ha tomado la palabra ‘austeridad’.
–Ha impulsado un nuevo grupo dentro de IU. ¿A su partido le faltan o le sobran cosas?
–Le sobran aquellas cosas que pueden impedir la entrada de mucha gente. Existe una rebeldía social, una energía para protestar contra una realidad injusta. Ahí IU tiene que hacer un esfuerzo para entender que no todas las fuerzas progresistas están dentro. Hay que abrirse, saber que nadie tiene el tarro de las esencias, y configurar nuevas mayorías que puedan formar un nuevo discurso.
–Ha publicado una antología de poesía y fútbol. ¿Ha dejado de ser un complejo para ustedes el gusto por el balompié?
–Creo que sí, que la época en que nos miraban por encima del hombro ha pasado. Además, esta antología celebra el número 800 de la colección Visor de poesía. 40 años publicando poesía significa que ésta tiene un lugar en la vida cotidiana española el fútbol.
–¿Por qué se dice que Messi es un poeta, y no se llama goleador a Gil de Biedma?
–Decía Pasolini que el gol era el momento poético de un partido, y distinguía entre fútbol poesía y fútbol prosa. Creo que en el fondo, lo poético se refiere al fútbol arte, que Messi y el Barça de los últimos tiempos ha representado como pocos.
–Álvaro Mutis contaba que la primera vez que fue a un partido, sentía el impulso de vitorear a ambos equipos, y por poco lo linchan... ¿A usted no le ha pasado algo parecido en los Real Madrid-Granada?
–He sentido una quebradura muy íntima. Racionalmente, es muy fácil arreglarse: por separado quiero que ganen los dos, y cuando se enfrentan, el que más lo necesite. Cuando el Granada recibió cinco goles en el Bernabeu, me produjo un vacío interior... Uno está lleno de pliegues, y al final, ahí está la camiseta rojiblanca.
–Que su mujer sea también escritora, ¿favorece o dificulta la conciliación?
–La favorece. La verdad es que para la vida cotidiana soy un trasto, pero a la hora de dividirnos el horario, sobre todo con la niña, nos repartimos muy bien. Cuando ella está viviendo en una nube con cualquiera de sus novelas, y se ausenta de pronto, creo que un creador lo entiende mejor que quien no lo es. El ‘Me gustas cuando callas porque estás como ausente’ de Neruda no es un gesto machista, como se ha dicho, sino respeto por el silencio del otro.
–Benedetti animaba a defender la alegría. ¿Bastará para afrontar los tiempos que vienen?
–Va a hacer falta algo más, pero no es un mal paso la alegría para empezar. Estamos marcados por el fatalismo, el poder ha conseguido el descrédito de todo, y es necesario que volver a la esperanza. Y a probar leyes para pararle los pies a los mercados y para devolver la autoridad al Estado.
sábado, 19 de mayo de 2012
La mirada de Manuel Vicent
La última vez que anduvo por Sevilla, hablamos de barcos y de singladuras por el Mediterráneo. Ayer tocó hacerlo de 'Mitologías', su último libro. Vicent es quizá uno de los últimos clásicos del periodismo español. Un joven cantautor quiso ponerle música a sus columnas dominicales en El País; ignoro qué habrá sido del proyecto, pero me gustaría oírlo algún día. El autor de 'No pongas tus sucias manos sobre Mozart', maestro en el arte de buscarse buenos ilustradores, de El Roto a Fernando Vicente, lucía ayer un bronceado envidiable y un aspecto la mar de sanote. Y que me perdone José María Álvarez, pero los ojos más claros de las letras patrias son los de Vicent.
–Es periodista y padre de periodista. ¿Alcanzará el oficio para que también lo sean sus nietos?
–En todo caso, serán periodistas digitales, que aparte de pensar tendrán que manejar muy bien los aparatos.
–Ayúdeme a completar la frase: “Gran Capital, no pongas tus sucias manos sobre...”
–Los Derechos Humanos.
–Igual su petición llega un poco tarde.
–Sí.
–Se ha convertido en un maestro del retrato literario breve. ¿Todas las vidas caben en cuatro páginas?
–Incluso en una línea: “Nació, creció, se reprodujo, hizo el capullo y murió”.
–Pruebe con sus paisanos Rita Barberá y Camps.
–Rita: “La que mejor llevó el bolso como si fuera a comprar zanahorias al Mercado Central”. Y Camps es tan inaprehensible... Lo inetentaré: “Fue como esos ninots que tardan mucho en arder, pero al final caen”.
–Usted, que ha sido mucho de tertulias, ¿cree que facebook es el Café Gijón del siglo XXI?
–Sí, pero más que un café literario, las redes sociales han convertido el planeta en una taberna. En la barra
de una taberna.
–Como hombre de mar, ¿qué opina de que se llama “navegar” a algo que se hace con un dedo?
–Bueno, más que con un dedo, los psiconautas navegan con la imaginación. Dentro de poco será con la voz, y después con el pensamiento. En el futuro habrá una avellana digital instalada en las placas de la memoria, que contendrá todo lo que se ha escrito, dicho e inventado.
domingo, 13 de mayo de 2012
Domo arigatô, Iwasaki
Fernando tiene todo el mérito del mundo. Llegó a España hace un par de décadas con lo puesto, y ha logrado convertirse en un imprescindible de la cultura patria a base de trabajo, constancia y generosidad: siempre está ahí cuando lo necesitas. Es tal vez el único escritor de nuestra lengua que devuelve llamadas perdidas. Embajador de Iberoamérica en España, anfitrión de todos esos indios talentosos que caen de vez en cuando por acá, defensor del flamenco a través de su labor en la Fundación Christina Heeren, y de los Beatles guitarra en mano, Iwasaki es además uno de los tipos más ingeniosos y rápidos que ha dado este oficio de escribir. Y el más cosmopolita, de aquí a Lima.
–Acaba de venir de dar unas conferencias en Japón. ¿Para usted ha sido como visitar la casa de los abuelos?
–Más bien la pagoda de los abuelos. Y me obligaron a
quitarme los zapatos a la entrada.
–El libro que presenta hoy [Nabokovia Pervana] tienen el nombre de una mariposa
que bautizó Vladimir Nabokov. ¿A qué bicho querría usted darle nombre?
–A un pequeño saltamontes.
–También ha reeditado sus dos primeros libros de relatos.
¿Siente que han pasado de crianza a reserva?
–Di más bien que se han convertido en momias que caminan
solas, sin llegar a ser zombis.
–A propósito de vinos. ¿Qué botella descorchó el día que le
dieron el Nobel a su amigo Mario Vargas Llosa?
–Lo celebré tomando un pisco acholado ‘Don César’.
–¿Qué tienen en común, aparte de su común militancia en
UPyD, Fernando Savater, Álvaro Pombo y Fernando Iwasaki?
–Que los tres tenemos nuestras estanterías llenas de
muñequitos frikis.
–¿Y qué tienen que ver los tres con Toni Cantó?
–Que los tres éramos clavados a Toni cuando teníamos su
edad.
–Queremos regalarle un libro suyo al actual presidente del
Perú, Ollanta Humala. ¿Cuál nos sugiere?
–rePUBLICANOS. cuando dejamos de ser realistas.
–Hecho. ¿Sería tan amable de ponerle una dedicatoria?
–No faltaba más: “Aquí van estos ensayos realistas sin
corona, y rePUBLICANOS con mayúsculas, Fernando Iwasaki”.
domingo, 7 de febrero de 2010
Un rostro

Dejé el libro sobre la mesita de noche con cierto sentimiento de decepción. Push, de Sapphire. Otra historia de marginación, de gente hundida a la que se le tiende la mano, otra historia de superación personal, de redención por la educación y la cultura. Una historia que se ha contado ya muchas veces. Un best-seller americano, en el peor sentido. El hecho de que subraye tan machaconamente los pasajes más escabrosos -la sistemática violación de la protagonista por parte de su padre, del que tendría dos hijos- tampoco iba a conmoverme demasiado.
Sin embargo, la curiosidad me llevó a ver la versión cinematográfica de Lee Daniels. Y bastaron los primeros fotogramas para hacerme un nudo en la garganta que no aflojó hasta los créditos finales. Eso de que una imagen vale más que mil palabras es una gran falacia, pero a veces funciona. Esta cinta es un ejemplo de superioridad del cine sobre la literatura.
Verán, Edmundo Desnoes necesitó 200 páginas magistrales para explicar desde La Habana el espíritu del subdesarrollo; pero a Tomás Gutiérrez Alea, en la pantalla, le bastó congelar el gesto de una negra bailando guaguancó para decir: "ya ven, esto es el tan cacareado subdesarrollo".
Algo similar he sentido al ver a la actriz Gabourey Gaby Sidibe. Su rostro es la encarnación de todos los estigmas sociales: mujer, negra, pobre, poco agraciada y, según el colmo de lo políticamente correcto, horizontalmente desafiante, estúpido eufemismo de gorda. La mirada de esa chica es desoladora. La sospecha de que hay miles como ella, de una inconsolable angustia. Basta su presencia para decirlo todo.
Esta semana, Precious coincidía como estreno de cartelera con Tiana y el sapo, la primera princesa negra de Disney en sus 90 años. ¿Son las divas del Yes, she can, el modo en que la Obamanía va a hacer visibles a muchísimas mujeres que hasta ayer no lo eran? lo ignoro. "Obama -me escribe un amigo desde Estados Unidos, no sin cierta sorna- creía que podía caminar sobre el agua sin hundirse, pero de pronto ha descubierto que se ha hundido hasta cintura". Tiene toda la razón. Pero ya era hora de que alguien se ocupara de todas las Precious Jones del mundo. Valdrá la pena incluso fracasar en el intento.
domingo, 12 de abril de 2009
Norte de Italia (I) De Milán a Bolonia
Barcelona-Girona-Milán. Creía que ya no estaba para estas largas e incomodísimas noches, pero llegué sano y salvo. Medio adormilado en el trayecto de Bérgamo a la Estación Central de Milán, me acordé de mi primera vez en esta ciudad. Venía mucho más cansado, en autobús, y puede que un poco resacoso, porque en los trayectos más largos bebía con mis amigos para sobrellevar el tedio y forzar un poco el sueño. Recordé que caí maravillado ante ese hermoso duomo recargado de filigranas, y que frente a él estaban montando un escenario donde esa misma noche tocarían Ozzy Osbourne y Red Hot Chilli Peppers, pero debíamos continuar nuestro camino hacia Roma.
Esta vez caía sobre la ciudad el mismo sol, pero ya no me pareció Milán tan rica y orgullosa como la primera vez: tal vez sea yo quien ha prosperado un poco. Había pasado la noche leyéndome Senior Service, la alucinante biografía del editor y activista Giancarlo Feltrinelli escrita por su hijo, y rumiaba algunos episodios. Feltrinelli murió aquí, en Milano, mientras trataba de poner una carga explosiva destinada a dejar sin luz la ciudad. Todos los disgustos soviéticos que le dio ser el editor de Pasternak y los desengaños con Fidel Castro no sólo no le divorciaron de la utopía, sino que al parecer lo empujaron aún más hacia el compromiso extremo y la acción directa.
Al otro extremo de la vía férrea me esperaba Bolonia, ciudad de moda por dar nombre a una controvertida reforma que tiene a los estudiantes de medio mundo en pie de guerra. Bolonia y su universidad pueden presumir de profesores ilustres -Romano Prodi, Umberto Eco- como de alumnos, pues por sus aulas pasaron algunos tan aventajados como Erasmo, Copérnico, Dante o Petrarca. Como buena ciudad universitaria, es generosa en plazas soleadas, pero sobre todo en calles porticadas: dicen que puedes moverte por toda la ciudad los días de lluvia sin mojarte un pelo.
Vinieron a recogerme mi anfitriona Elena, su amiga Sabine y el novio español de ésta, Javier, y emprendimos un gratísimo paseo, con abundantes paradas para ir desvelando los secretos de la ciudad, rincones dignificados por la leyenda o barnizados de misterio, que seguro quedarán adheridos para siempre a la memoria de quienes estudien aquí: las dos torres, el diablo disimulado en una arcada, la falsa venezia recreada en un imprevisible callejón...
Bolonia La Roja la llaman por sus tejados y su elevada militancia comunista, Bolonia la Gorda por su nada desdeñable gastronomía, pero sobre todo Docta por lo ya relatado, me hace sentir cierta nostalgia de lo no vivido: estudiar en una ciudad extraña, sentir el destete y la soledad y el encuentro con otras soledades, toda esa mitología del estudiante que seguramente es mejor contar que vivir.
Bolonia abre estos días sus cafés hospitalarios y sus calles a la celebración de quienes se doctoran, otra suerte que yo no viví. Son muchos los que se retratan junto a sus familias tocados con una corona de laurel, o deambulan en grupos -algunos semidesnudos o con disfraces vergonzosos- mientras los amigos entonan una y otra vez una cantinela que mi buena educación me impide traducir: "Dottore, dottore del buco del cul, vaffancul, vaffancul...!"
domingo, 28 de diciembre de 2008
Andreotti, fin de la huida
Uno de los primeros libros que me leí -quiero decir uno de los primeros libros adultos, y leído de cabo a rabo- fue un ensayo que andaba por casa titulado En nombre de Dios. Su autor, un tal David A. Yallop, trataba de esclarecer la misteriosa muerte del papa Juan Pablo I trazando conexiones más que verosímiles (en la tercera parte de El Padrino, Coppola recrea en la ficción una trama similar) entre el Gobierno italiano, la logia masónica P2, el Banco del Vaticano y el crimen organizado. Muchos años antes de pisar Sicilia por primera vez, me dejé fascinar por las relaciones de poder que han podrido durante las últimas décadas las entrañas de ese país querido.
He vuelto a encontrarme con algunos de los protagonistas de aquel libro en la película Il Divo, de Paolo Sorrentino. Me ha encantado, para empezar, la estética de todo el filme, los guiños a la cultura del clip, a Tarantino, a Kubrick. En el guión, la agilidad no riñe con el calado: la imagen se mueve continuamente, pero no deja de hacer diana. Y es sobresaliente el trabajo del actor Toni Servillo, que demuestra que una caricatura puede llegar a ser más fiel que un retrato hiperrealista.
En Sevilla pude conversar hace unos meses con Nicola Giuliano, el productor de la peli. Se me cayó el alma a los pies -y entendí algunas cosas- cuando contó que en la televisión italiana ya apenas hay cine ni documentales, pues la crónica rosa se come media programación. A ello atribuye él que la juventud de su país ignore por completo qué representan, por ejemplo, Aldo Moro o las Brigadas Rojas, dos fenómenos nada remotos, sino más bien de anteayer.
Claro que, pensándolo bien, ¿qué idea tienen los jóvenes españoles de Suárez, Calvo Sotelo o González? ¿Y de Carrero Blanco, o del propio Franco? Si el ejemplo italiano nos sirve de algo, ya podemos empezar a nadar contra la corriente de la desmemoria, siempre eficacísima destructora de verdades.
De momento, la buena noticia es que Andreotti, el que dijo que "en las novelas policíacas siempre se encuentra al culpable. En la vida real casi nunca ocurre", un político que ha derrochado esfuerzos toda su vida, en una huida desbocada, para evitar que la justicia lo abrazara como se merece, ha sido atrapado. Donde no alcanzaba la mano del juez, llegó el arte. El cine ha hecho lo que no pudo hacer ninguna policía. No irá a la cárcel, bueno. Pero que los hechos consten en acta.
martes, 2 de diciembre de 2008
Carmen Romero, ex primera dama
Los medios se hacen eco de la separación, al parecer anunciada, de Felipe González y Carmen Romero. La prensa rosa más carroñera hunde sus fauces, otras voces argumentan que "a nadie interesa la vida privada" del ex presidente. Un momento: ¿seguro que no nos interesa? Por supuesto que nada debe importarnos con quién se acueste este o aquel político, pero su pareja, aquella con la que se retrata públicamente, ¡su primera dama! no me parece una cuestión irrelevante. ¿No queda incompleto el puzzle de Aznar sin la sonrisa cínica y los libros para niños de Ana Botella? ¿Sería lo mismo ZP sin la etérea Sonsoles? Yo no puedo fiarme de que un señor elija lo mejor para un país si no es capaz de elegir lo mejor para él mismo. Además, ¿hay Juan Ramón sin Zenobia, Machado sin Leonor, Lennon sin Yoko, Sid sin Nancy? Y que no se me reboten los feministas radicales: ¿Hay Madame Curie sin Pierre, Frida sin Diego, Carmen Laforet sin don Manuel Cerezales?
La política hace extraños compañeros de cama, pero no es extraño que los compañeros de cama también hagan política. Recito a bote pronto: Evita Perón -que inspiró, por cierto, una gran novela de Tomás Eloy Martínez-, Hillary Clinton, Cristina Kirchner... y Carmen Romero. Cuando yo era chico, encontraba a esa señora guapísima y digna a más no poder. Luego supe que era nada menos que traductora del italiano -Anna Banti está entre las autoras que ha vertido a nuestro idioma- y acabó cobrando para mí proporciones míticas. Un amigo mío, el cantautor Luis Felipe Barrio, llegó a dedicarle una canción sencillamente perfecta, ¿Qué es lo que le pasa a la primera dama?, que llegó a interpretar ante la homenajeada un día en el Libertad 8, donde coincidió con ella de pura casualidad.
En un bar la conocí también yo, junto a algunos militantes socialistas. Sólo conversamos unos minutos, de modo que la impresión que me llevé fue necesariamente un fogonazo de flash. Tal vez tenía un mal día, pero me decepcionó. A diferencia de Felipe González, que seduce hablando sin parar, su discurso me resultó de una vacuidad vertiginosa. El remate fue cuando, hablando de literatura italiana, le pregunté cómo era Leonardo Sciascia, con quien ella almorzó varias veces. Su respuesta fue de una pobreza desarmante:
-Fumaba mucho- fue cuanto dijo.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
La Ministra y los ministriles
Hacía tanto tiempo que no trasnochaba -hablo de trasnochar de veras, hasta las claras del día- que casi había olvidado por qué me gusta tanto el trasnoche, y más concretamente el trasnoche gadita, que durante años y años fue el mío. El sábado lo recordé. Fui con Juanlu Pineda al Pay-Pay, antiguo cabaré convertido hoy en uno de los pulmones culturales de la ciudad. Allí, con el pretexto de un recital del espléndido cantautor malagueño José Antonio Delgado, se dio una concentración de talento musical poco frecuente. Por un lado asomó Miguel, una de las almas fundadoras de Antílopez, que tiene gracia para parar dos aves. No le va a la zaga Boni, ni en lo de cantar bien ni en lo del buen humor. También reconocí a Paco Medina, gaditano, y a Joaquín Calderón, hispalense. Quien más, quien menos, todos ellos llevan sus añitos haciendo canciones y tocando en toda suerte de boquetes. Tienen todo mi respeto, ¡brindo por ellos!
En esas estaba cuando asomó por la puerta la mismísima Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, fiel asidua del Pay-Pay, aunque ahora le sea un poco más difícil dejarse caer por los bares, e imposible hacerlo sin escolta. Recuerdo que, cuando supimos de su nombramiento, Iván me alargó una copa para celebrarlo y me dijo: "Ya sabemos que una amiga nuestra puede ser Ministra. Ahora sólo falta saber si una Ministra puede ser nuestra amiga". Por el modo en que me saludó, por el breve gin-tonic que compartimos poniéndonos al día de nuestras respectivas vidas, yo quiero creer que sí, que Bibi es una buena amiga, porque tras la cartera hay una gran persona. ¡Brindo por ella!
Pero la noche tenía que seguir, cerramos el Pay-Pay -qué gusto da cerrar bares, eso también lo había olvidado- y nos dirigimos a ¿dónde? Me sentía como un ratón arrastrando tras de mí a un montón de flautistas de Hamelín. ¿A dónde vamos a ir, picha? ¡Pues al Cambalache! Allí, como diría su dueño, Hassan, no hay noche que no pase algo. Y algo bueno. El otro día tocaba magia. Por allí andaba el musicólogo Faustino Núñez, que de inmediato pidió una guitarra. A mi vera, acodado en la barra, don David Palomar, paradigma de duende y compás. A un lado y otro del noble mármol, Tere y Ale, de Chirigóticas. Al fondo, varios integrantes de la chirigota de El Selu y el gran bajista Alfonso Gamaza, junto a su hermano Gonzalo, que fue pianista. Y el antedicho batallón de trovadores, ¿había o no había arte entre aquellas cuatro paredes?
Hubo cante grande, risotadas clamorosas, abrazos fraternos y su poquito de alcohol, no para caldear el ambiente, que funcionaba con la calefacción natural de los corazones, sino para que nunca falte el brindis. Claro que hay noches estériles y gravosas, pero una como la del sábado vale por muchas. Que no se me olvide brindar por ello.
jueves, 6 de noviembre de 2008
Qué tendrá Chicago
Quisiera viajar a Chicago, más que nada para devolverle la visita. Últimamente no se cansa de hacerse presente por estos lares, esa ciudad. El sábado pasado estuve viendo y oyendo en el Maestranza al mítico Herbie Hancock, que es nativo de por allí. Ayer Barack Obama logró desde Chicago lo que todo el orbe sabe y la mayoría celebra. Hoy mismo perdía su pulso con el cáncer Michael Crichton, el chicaguense -si tal es el gentilicio, pues lo ignoro- visionario que soñó que cuando despertara el dinosaurio todavía estaría allí, junto a un George Clooney lindo como él solo vestido con bata blanca. Qué tendrá Chicago. Qué mezcla de genio y fatalidad. Allí nacieron también Chandler, Dos Passos, Philip K. Dick. Allí prosperó el hampa más peliculera y el jazz más impetuoso. Allí voló Michael Jordan y se erigió una arquitectura impresionante que creó Escuela -no confundir con la otra, la de los siete Nobel de Economía, que ya podrían dar alguna idea para sacarnos de este ruinazo. Allí encontró a su novio Margot Molina. Chicago. Habrá que ir algún día, aunque sólo sea para devolverle tanta visita. Chicago americana, que diría Pepe Begines.
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