Tiziana Lo Porto y Daniele Marotta. Superzelda.
Michèle Gazier y Bernard Ciccolini. Virginia Woolf.
Brandon Graham. King City 2.
Stendhal. Rojo y negro.
Sinclair Lewis, Babbitt.
Francis Scott Fitzgerald. El joven rico.
Raymond Roussel. Locus Solus.
Mohammed Chukri. El pan a secas.
Jorge Valadas. La memoria y el fuego.
Ignacio Vidal-Folch. Lo que cuenta es la ilusión.
Inmma Julián. Conversaciones con Tàpies.
Roberto Fernández Retamar. Hemos construido una alegría olvidada.
Armando Álvarez Bravo. Siempre habrá un poema.
Adam Fathi. El soplador de cristal.
César González Ruano. El ángel en llamas.
Fernando Quiñones. Una escena inédita de Andalucía en pie.
Felipe Benítez Reyes. Las identidades.
María Paz Moreno. El vientre de las iguanas.
Belén Núñez. Letras habaladas.
Luna Miguel. Estar enfermo.
Ignacio Vleming. Clima artificial de primavera.
Juanma Prieto. Noctívagos.
Verónica Moreno. Un cuarto oscuro.
Berta García Faet. Introducción a todo.
Raúl Quinto. Ruido blanco.
Rubén Martín. El mirador de piedra.
Isabel Bono. Brazos, piernas, cielo.
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domingo, 24 de marzo de 2013
martes, 6 de noviembre de 2012
Otras lecturas/ relecturas del mes de octubre
Will Bingley y Anthony Hope-Smith. Gonzo.
Yoram Kaniuk. 1948.
Saphia Azzedine. Mi padre es mujer de la limpieza.
Eça de Queirós. Estampas egipcias.
Norman Manea. El té de Proust.
Miguel Barnet. Canción de Rachel.
Edmundo Desnoes. Memorias del desarrollo.
Edmundo Desnoes. Soy sin estar.
J. M. Castellet. Los escenarios de la memoria.
J. M. Castellet. Seductores, ilustrados y visionarios.
Andrés Neuman. Hablar solos.
Mara Torres. La vida imaginaria.
Elvira Lindo. Lugares que no quiero compartir con nadie.
Enrique Vila-Matas/ Sylvia Molloy. Escribir París.
Antonio Álamo. Patadas.
Antonio Molina Flores. Judith.
Antonio Molina Flores. El signo efímero.
Anónimo. Bibliópolis.
Theodore S. Beardsley. Elogio de la bibliofilia.
José Hierro. Cuaderno de Nueva York.
Maria Attanasio. Negro barroco negro.
Ilya Kaminsky. Bailando en Odesa.
José Mármol. Lenguaje de mar.
Carlos Sahagún. Las invisibles redes.
Jorge Salcedo. Naufragio y sedición en la isla de Juana.
Emilio García Montiel. Presentación del olvido.
Pablo del Barco. La piel de la razón.
Carmen Camacho. Campo de fuerza.
Yoram Kaniuk. 1948.
Saphia Azzedine. Mi padre es mujer de la limpieza.
Eça de Queirós. Estampas egipcias.
Norman Manea. El té de Proust.
Miguel Barnet. Canción de Rachel.
Edmundo Desnoes. Memorias del desarrollo.
Edmundo Desnoes. Soy sin estar.
J. M. Castellet. Los escenarios de la memoria.
J. M. Castellet. Seductores, ilustrados y visionarios.
Andrés Neuman. Hablar solos.
Mara Torres. La vida imaginaria.
Elvira Lindo. Lugares que no quiero compartir con nadie.
Enrique Vila-Matas/ Sylvia Molloy. Escribir París.
Antonio Álamo. Patadas.
Antonio Molina Flores. Judith.
Antonio Molina Flores. El signo efímero.
Anónimo. Bibliópolis.
Theodore S. Beardsley. Elogio de la bibliofilia.
José Hierro. Cuaderno de Nueva York.
Maria Attanasio. Negro barroco negro.
Ilya Kaminsky. Bailando en Odesa.
José Mármol. Lenguaje de mar.
Carlos Sahagún. Las invisibles redes.
Jorge Salcedo. Naufragio y sedición en la isla de Juana.
Emilio García Montiel. Presentación del olvido.
Pablo del Barco. La piel de la razón.
Carmen Camacho. Campo de fuerza.
lunes, 3 de septiembre de 2012
Otras lecturas/ relecturas del mes de agosto
Peter Sís. El coloquio de los pájaros.
Hugo Pratt. Corto Maltés. Favola di Venezia.
Vincenzo Consolo. De noche, casa por casa.
Lampedusa. Conversaciones literarias.
Giovanni Albertocchi. Adelante, Pedro, con juicio.
Roberto Alajmo. Palermo es una cebolla.
Giacomo Cacciatore. Hijo de cristal.
VVAA. La bolsa, la capa, el cuerno encantado y otros cuentos populares socilianos.
Mauricio Wiesenthal. Italia.
Edmundo Desnoes. Los dispositivos en la flor.
Víctor Rodríguez Núñez. La poesía del siglo XX. Cuba.
Virgilio Piñera. Presiones y diamantes.
Heberto Padilla. En mi jardín pastan los héroes.
Carlos Fuentes. Personas.
Jack London. Relatos de los mares del Sur.
E.T.A. Hoffmann. El hombre de la arena.
Jaume Pont. El postismo.
Valentí Puig. Cien días del milenio.
Fernando Claramunt. Tauramaquia mediterránea: mundo interior de Luis Francisco Esplá.
Hugo Pratt. Corto Maltés. Favola di Venezia.
Vincenzo Consolo. De noche, casa por casa.
Lampedusa. Conversaciones literarias.
Giovanni Albertocchi. Adelante, Pedro, con juicio.
Roberto Alajmo. Palermo es una cebolla.
Giacomo Cacciatore. Hijo de cristal.
VVAA. La bolsa, la capa, el cuerno encantado y otros cuentos populares socilianos.
Mauricio Wiesenthal. Italia.
Edmundo Desnoes. Los dispositivos en la flor.
Víctor Rodríguez Núñez. La poesía del siglo XX. Cuba.
Virgilio Piñera. Presiones y diamantes.
Heberto Padilla. En mi jardín pastan los héroes.
Carlos Fuentes. Personas.
Jack London. Relatos de los mares del Sur.
E.T.A. Hoffmann. El hombre de la arena.
Jaume Pont. El postismo.
Valentí Puig. Cien días del milenio.
Fernando Claramunt. Tauramaquia mediterránea: mundo interior de Luis Francisco Esplá.
lunes, 6 de agosto de 2012
Otras lecturas/ relecturas del mes de julio
Josep Pla. El cuaderno gris.
Stafan Zweig. Tres poetas de sus vidas.
Yasmina Khadra. La ecuación de la vida.
Reinaldo Arenas. Cartas a Margarita y Jorge Camacho.
Reinaldo Arenas. Necesidad de libertad.
VV. AA. Cien mil millones de poemas.
VV. AA. Proyectos para un cielo nuevo.
Luigi Pintor. La señora Kirchgessner. El níspero. Los lugares del delito.
Wassyla Tamzali. Mi tierra argelina.
Montero Glez. Huella jonda del héroe.
Irene Nárdiz. Síndrome de ausencia.
Stafan Zweig. Tres poetas de sus vidas.
Yasmina Khadra. La ecuación de la vida.
Reinaldo Arenas. Cartas a Margarita y Jorge Camacho.
Reinaldo Arenas. Necesidad de libertad.
VV. AA. Cien mil millones de poemas.
VV. AA. Proyectos para un cielo nuevo.
Luigi Pintor. La señora Kirchgessner. El níspero. Los lugares del delito.
Wassyla Tamzali. Mi tierra argelina.
Montero Glez. Huella jonda del héroe.
Irene Nárdiz. Síndrome de ausencia.
lunes, 2 de julio de 2012
Otras lecturas/ relecturas del mes del junio
Lamia Ziadé. Bye bye Beirut.
Max. Bardín el Superrealista.
Antonio Segura y José Ortiz. Tex, L'Ora del Massacro.
Fernando Vallejo. El cuervo blanco.
Alberto Moravia. Agostino.
Valentí Puig. Ratas en el jardín.
Morris Berman. Las raíces del fracaso americano.
Julio Cortázar. Algo que anda por ahí.
Jacques Issorel. Fernando Villalón, la pica y la pluma.
Agustín Fernández Mallo. Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus.
José María Moreno Jurado. Últimas mareas.
Almudena Guzmán. Poemas de lida sal.
Almudena Guzmán. La playa del olvido.
Almudena Guzmán. Usted.
Almudena Guzmán. El libro de Tamar.
Almudena Guzmán. Calendario.
Almudena Guzmán. El príncipe rojo.
Almudena Guzmán. Zonas comunes.
Luis Alberto de Cuenca. Palabras con alas.
José Carlos Llop. La dádiva.
José Pérez Olivares. Oda a la mano.
Ángel García López. Posdata.
Leopoldo María Panero. Sombra.
Juan Malpartida. A un mar futuro.
José Luis Rey. Las visiones.
Luis Aranha. Cocktails.
Ernesto Cardenal. Catulo/ Marcial.
Ernesto Cardenal. Vuelos de victoria.
Ernesto Cardenal. Quetzálcoatl.
Ernesto Cardenal. Pasajero de tránsito.
Darío Jaramillo Agudelo. Gatos.
Max. Bardín el Superrealista.
Antonio Segura y José Ortiz. Tex, L'Ora del Massacro.
Fernando Vallejo. El cuervo blanco.
Alberto Moravia. Agostino.
Valentí Puig. Ratas en el jardín.
Morris Berman. Las raíces del fracaso americano.
Julio Cortázar. Algo que anda por ahí.
Jacques Issorel. Fernando Villalón, la pica y la pluma.
Agustín Fernández Mallo. Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus.
José María Moreno Jurado. Últimas mareas.
Almudena Guzmán. Poemas de lida sal.
Almudena Guzmán. La playa del olvido.
Almudena Guzmán. Usted.
Almudena Guzmán. El libro de Tamar.
Almudena Guzmán. Calendario.
Almudena Guzmán. El príncipe rojo.
Almudena Guzmán. Zonas comunes.
Luis Alberto de Cuenca. Palabras con alas.
José Carlos Llop. La dádiva.
José Pérez Olivares. Oda a la mano.
Ángel García López. Posdata.
Leopoldo María Panero. Sombra.
Juan Malpartida. A un mar futuro.
José Luis Rey. Las visiones.
Luis Aranha. Cocktails.
Ernesto Cardenal. Catulo/ Marcial.
Ernesto Cardenal. Vuelos de victoria.
Ernesto Cardenal. Quetzálcoatl.
Ernesto Cardenal. Pasajero de tránsito.
Darío Jaramillo Agudelo. Gatos.
domingo, 3 de junio de 2012
Otras lecturas/ relecturas del mes de mayo
Sebastian Haffner. La dimensión de Hitler.
Michel Damiano. Porque la vida no basta.
Edmundo Desnoes. El cataclismo.
Fernando Savater. Tauroética.
Albert Boadella. Pregón taurino, Sevilla 2006.
Mauricio Wiesenthal. Desde la Historia.
Jean Genet. Cuatro horas en Chatila.
Lina Ben Mhenni. La revolución de la dignidad.
Fernando Pessoa. Aforismos.
Mark Strand. Hopper.
Mark Strand. Hombre y camello.
Jorge Eduardo Eielson. El diálogo infinito.
Manuel Vilas. Gran Vilas.
Álvaro Tato. Libro de Uroboros.
Vanessa Pérez-Sauquillo. Estrellas por la alfombra.
Miguel Ángel Contreras. Libro de precisiones.
Miguel Veyrat. Poniente.
Miguel Veyrat. El cielo vacío.
Víctor Botas. Las cosas que me acechan.
Víctor Botas. Prosopon.
Víctor Botas. Segunda mano.
Víctor Botas. Aguas mayores y menores.
Víctor Botas. Historia antigua.
Víctor Botas. Retórica.
Víctor Botas. Las rosas de Babilonia.
Raquel Lanseros. Los ojos de la niebla.
José Daniel Serrallé. Aves nocturnas.
Jesús Fernández Palacios. Poemías.
Carlos Peinado Elliot. La herrumbre herida.
Michel Damiano. Porque la vida no basta.
Edmundo Desnoes. El cataclismo.
Fernando Savater. Tauroética.
Albert Boadella. Pregón taurino, Sevilla 2006.
Mauricio Wiesenthal. Desde la Historia.
Jean Genet. Cuatro horas en Chatila.
Lina Ben Mhenni. La revolución de la dignidad.
Fernando Pessoa. Aforismos.
Mark Strand. Hopper.
Mark Strand. Hombre y camello.
Jorge Eduardo Eielson. El diálogo infinito.
Manuel Vilas. Gran Vilas.
Álvaro Tato. Libro de Uroboros.
Vanessa Pérez-Sauquillo. Estrellas por la alfombra.
Miguel Ángel Contreras. Libro de precisiones.
Miguel Veyrat. Poniente.
Miguel Veyrat. El cielo vacío.
Víctor Botas. Las cosas que me acechan.
Víctor Botas. Prosopon.
Víctor Botas. Segunda mano.
Víctor Botas. Aguas mayores y menores.
Víctor Botas. Historia antigua.
Víctor Botas. Retórica.
Víctor Botas. Las rosas de Babilonia.
Raquel Lanseros. Los ojos de la niebla.
José Daniel Serrallé. Aves nocturnas.
Jesús Fernández Palacios. Poemías.
Carlos Peinado Elliot. La herrumbre herida.
martes, 1 de mayo de 2012
Otras lecturas/ relecturas del mes de abril
Moebius. Inside Moebius vol I.
Davide Toffolo. Pasolini.
Danilo Kiš. Penas precoces.
Rachid Boudjedra. El caracol obstinado.
Teresa Aranguren. Palestina, el hilo de la memoria.
Nikos Kavvadias. La guardia.
Emir Suljagic. Postales desde mi tumba.
Paolo Rugarli. El nido de hielo.
Antonio Tabucchi. Viajes y otros viajes.
Bohumil Hrabal. Trenes rigurosamente vigilados.
Paul Virilio. La administración del miedo.
Chuck Klosterman. Fargo Rock City.
William Saroyan. Memorias.
Liam O'Flaherty. Deseo.
Arthur Cravan. Cartas de amor a Mina Loy.
Edmundo Desnoes. No hay problema.
Vicente Verdú. La ausencia.
Ricardo Menéndez Salmón. La noche feroz.
Hans Christian Andersen. Los zapatos rojos.
Wilhelm Busch. Max y Moritz.
José Ángel Valente. El maestro cantor.
Miguel Ángel Zapata. Fragmentos de una manzana y otros pooemas.
Leonard Cohen. El libro de la Misericordia.
Joaquín Marco. Variaciones sobre un mismo paisaje.
Fernando Sanmartín. El llanto de los boxeadores.
Virginia Aguilar Bautista. Seguir un buzón.
VV.AA. El pájaro y la flor.
VV.AA. Un balón envenenado.
Davide Toffolo. Pasolini.
Danilo Kiš. Penas precoces.
Rachid Boudjedra. El caracol obstinado.
Teresa Aranguren. Palestina, el hilo de la memoria.
Nikos Kavvadias. La guardia.
Emir Suljagic. Postales desde mi tumba.
Paolo Rugarli. El nido de hielo.
Antonio Tabucchi. Viajes y otros viajes.
Bohumil Hrabal. Trenes rigurosamente vigilados.
Paul Virilio. La administración del miedo.
Chuck Klosterman. Fargo Rock City.
William Saroyan. Memorias.
Liam O'Flaherty. Deseo.
Arthur Cravan. Cartas de amor a Mina Loy.
Edmundo Desnoes. No hay problema.
Vicente Verdú. La ausencia.
Ricardo Menéndez Salmón. La noche feroz.
Hans Christian Andersen. Los zapatos rojos.
Wilhelm Busch. Max y Moritz.
José Ángel Valente. El maestro cantor.
Miguel Ángel Zapata. Fragmentos de una manzana y otros pooemas.
Leonard Cohen. El libro de la Misericordia.
Joaquín Marco. Variaciones sobre un mismo paisaje.
Fernando Sanmartín. El llanto de los boxeadores.
Virginia Aguilar Bautista. Seguir un buzón.
VV.AA. El pájaro y la flor.
VV.AA. Un balón envenenado.
lunes, 16 de enero de 2012
Risa contagiosa
Quienes me conocen saben que no puedo ver cine cubano sin emocionarme hasta las lágrimas. Especialmente, cuando La Habana aparece en pantalla. Para mí es como reencontrarme con un antiguo amor cuyas ascuas siguen encendidas. Si aparece decadente, sufro por su degradación. Si aparece esplendente, sufro porque no la tengo. Tal vez por eso, habría sorprendido a muchos verme la semana pasada, a mediodía, riendo a mandíbula batiente en el pase de prensa de Juan de los Muertos, un filme cubano con producción andaluza que acaba de llegar a la cartelera española.
Me esperaba, de entrada, una frikada simpática, a lo Zombies party, y algo de eso hay en la propuesta del director Alejandro Brugués. Pero lo que me sorprendió, como me sorprende siempre, es la enorme capacidad de reírse de sí mismos que despliegan los cubanos, de usar el humor como herramienta de supervivencia. Cuanto más grave ha sido la situación para el común de los ciudadanos, cuanto mayor la descomposición de la sociedad, más agudos se han ido volviendo los chistes, más afinadas las caricaturas.
La situación que describe Juan de los Muertos es el colmo de la crisis, un escenario de masivo contagio zombie donde un grupo de buscavidas tienen que hacer lo de siempre: resolver. No cuentan con el poder, que disfraza su incompetencia bajo la coartada de la conjura imperialista. Están solos ante la adversidad, atrapados entre la voz de una conciencia solidaria y el egoísmo instintivo del sálvese quien pueda. Un trance en el que asoma lo mejor y lo peor del ser humano. O sea, el pan de cada día.
Aquella mirada pragmática que Sergio proyectaba a través del telescopio en Memorias del subdesarrollo, la genial versión de Titón Gutiérrez Alea sobre la obra maestra de Edmundo Desnoes, se ha empapado de sarcasmo cuarenta años después. Ojalá acá, en la vieja Europa, seamos también capaces de ponerle una sonrisa así a los tiempos que están por venir. Éstos sí, terroríficos.
PS.- Mi amigo René me telefoneó para contarme que salía en la película: "Tengo un papel cortito, pero sabroso, ya tú sabes". Alcancé a reconocerlo en los cuatro segundos en los que aparece siendo despedazado a machetazos, pero sólo los grandes actores son así: lucen hasta en los más fulgurantes cameos.
miércoles, 7 de septiembre de 2011
Mauricio Vicent, periodista

Durante mucho tiempo, Mauricio Vicent fue para mí algo parecido a una superstición habanera. Me había propuesto conocerle como fuera, porque me gustaba mucho su trabajo y teníamos amigos comunes en la ciudad dispuestos a propiciar el encuentro. Pero no había manera. Siempre que llegaba a un sitio él se acababa de marchar. Una amiga me sugirió buscarle en el Centro Internacional de Prensa. "Ya lleva varios días que no aparece por acá", me informó una empleada. "Pero en cualquier momento se lo encuentra". Una superstición, ya digo. La única prueba fehaciente de su existencia era que seguía firmando sus impecables crónicas.
Entre tanto, iban y venían las leyendas. Se contaba que su padre, el periodista y escritor Manuel Vicent, había propiciado su traslado a La Habana para evitar que el joven Mauricio se perdiera en Madrid, entre compañías poco recomendables. Ignoro si es cierto, y tampoco me importa mucho, pero no me cabe duda de que alguien capaz de hacer eso merece ingresar en el olimpo de los padrazos. Y si así hubiera sido, Mauricio Vicent debió de haber tranquilizado mucho a su padre, porque pasar de bala perdida a ser uno de los corresponsales estrella de El País no es una proeza menor.
Con sus dos millones largos de habitantes, La Habana parece una ciudad grande y compleja, pero en el fondo es un pañuelo. Era cuestión de tiempo que nos encontráramos. Y sucedió del modo más imprevisto. Estaba un servidor desayunando con Juanjo Téllez en el hotel Nacional -hablo del año 98- cuando reconocimos entre las mesas al cineasta (y escritor) Manuel Gutiérrez Aragón, muy asiduo de la isla. Téllez me propuso que nos acercáramos a saludarlo. Iba acompañado, pero se mostró muy amable y nos invitó a compartir con él y su amigo un café más. En un momento de la conversación, no sé cómo, saltó aquello de mi búsqueda de Mauricio Vicent. "Pues aquí lo tienes", sonrió Gutiérrez Aragón. ¡Era el tipo que estaba con él!
Mauricio me pareció, como esperaba, un hombre interesante de los que no necesitan enfatizar su interés, impregnado ya de un sentido del humor típicamente cubano, rico en afiladas ironías. Hablamos de muchas cosas, pero recuerdo especialmente un comentario suyo. Acababa de producirse aquella famosa reunión entre Fidel Castro y Joaquín Almunia, entonces secretario general del PSOE. Almunia había entrado en el Palacio de la Revolución a las nueve de la noche y había salido a las seis de la mañana. Creo que fue Téllez quien le preguntó cómo habían aguantado los corresponsales extranjeros una espera de nueve horas. "Pues cómo la vamos a aguantar, ¡bebiendo!".
La última vez que le vi fue hace unos años, a las puertas del teatro Hubert de Blank, en El Vedado, conversando con mi querido Renecito de la Cruz a la salida de una función. Lo encontré algo más delgado, pero con muy buen aspecto, y la misma agudeza de siempre, aunque aseguraba que la vida le había cambiado mucho. Se había casado en La Habana, tenía hijos, y se diría que llevaba mucho tiempo sin practicar esos maratones de ron que son tan frecuentes en la mayor de las Antillas. Desde entonces, no he vuelto a encontrármelo sino en la prensa diaria, pero siempre leo sus informaciones con gusto e interés.
Me han venido a la cabeza estas pequeñas anécdotas al leer la noticia de que el gobierno cubano, en uno de sus garrafales errores, no ha tenido mejor ocurrencia que retirarle a Mauricio la acreditación de prensa, tratando en vano de desprestigiar su labor. Algún funcionario del castrismo más cejijunto no ha entendido que el prestigio de un periodista no se expende con sello de ningún gobierno, sino que se conquista con el trabajo paciente del día a día; y como tal, tampoco se arrebata con una simple nota oficial.
Mauricio Vicent llegó a La Habana en 1991, justo a tiempo para cubrir el desmerengamiento del comunismo, y ha ido contando la triste pérdida de norte del régimen castrista con pulcritud, sin ceder a las pasiones de uno u otro signo que con tanta frecuencia suscita nuestra querida isla. La prohibición de ejercer su oficio se antoja un grotesco colofón a estos 20 años de carrera, y una prueba definitiva de la deriva en que se hallan algunas autoridades cubanas, ayunas de la más elemental cultura democrática. De lo contrario, sabrían que la fuerza del poder no reside en la facultad de poner mordazas, sino en tolerar precisamente críticas y discrepancias.
PS.- Una tristeza añadida: comprobar cómo otro periodista español al que también conocí en La Habana, Carlos Tena, aplaude ferozmente en su blog la medida del Gobierno cubano, y arremete contra Vicent, Reporteros sin Fronteras y la FAPE.
lunes, 1 de agosto de 2011
Nos falta Eliseo Alberto
No, no pesa lo mismo un kilo de humanidad que un kilo de miseria. Ni es cierto que todas las ausencias se sientan de la misma manera. La de Eliseo Alberto, recién estrenada, tiene conmocionados a quienes lo trataron a fondo como a quienes tan sólo lo disfrutamos brevemente, porque nos dejó un recuerdo entrañable que ha perdurado en el tiempo. En mi caso, fue sólo un día en Chiclana, en que tuve el placer de oficiar como presentador suyo, y el día siguiente en casa de Mané García Gil, que había publicado los cuentos de su padre, Eliseo Diego, en la colección Calembé. Suficiente para seguir recordándolo con una sonrisa tantos años después, para sentir su desaparición como un golpe duro en el centro del pecho.
Me divertía mucho oírle referirse a Eliseo Diego, uno de los más grandes poetas del siglo XX, como "papá". Me divertía también oírle anécdotas de primera mano de Lezama Lima o de Augusto Monterroso, que para mí eran ya clásicos y para él gente de casa, presencias familiares. También su teoría de que el grupo Orígenes era una generación sin descendencia, salvo por las excepciones de Eliseo Diego y del matrimonio formado por Cintio Vitier y Fina García Marruz, los únicos que tuvieron hijos. "A Lezama nadie lo preñó, a Piñera nadie lo preñó, a Gastón nadie lo preñó...", enumeraba con mucha guasa, pero también con una enorme ternura. Y con no poco sentido de la responsabilidad: a diferencia de los hermanos Vitier, él había acabado siendo escritor. Era el heredero único, y nadie sabe qué peso supondría sobre sus hombros.
Tampoco sabremos el drama íntimo que supuso la redacción de Informe contra mí mismo, un libro que me sacudió y me hizo tomar conciencia, acaso por primera vez, de la magnitud de la herida que se ensanchaba e infectaba cada día en el seno de la comunidad cubana. Y, sin embargo, todavía hoy me admira el afecto que Lichi (como era conocido en todo el orbe) despertaba en la isla como en la diáspora, entre los jóvenes como entre la vieja guardia. Era un puente, que es lo mejor, lo más noble, lo más humano que se puede ser en un mundo fracturado.
No olvidaré nunca el rato que pasamos pimplándonos una botella de Havana Club añejo y hablando de Cuba, su patria y nuestra pasión, mientras Martita, muy niña, correteaba a nuestro alrededor. Ni cuando nos leyó en adelanto el primer capítulo, que acababa de terminar, de su novela Esther en alguna parte, que dedica amorosamente a sus padres. Así quiero recordarlo, leyendo en voz alta y con los labios humedecidos de ron, honrando a los mayores y brindando por las nuevas amistades.
Nos hemos quedado sin un hombre, nos hemos quedado sin un escritor, nos hemos quedado sin un puente. Se ha ido Lichi y, nos deja una memoria que atesorar y, como en el poema de su padre, el tiempo, todo el tiempo.
Otras lecturas/ relecturas del mes de julio
Charles Burns. Tóxico.
Francesco Matteuzzi y Elisabetta Benfatto. Anna Politkovskaya.
Roberto Saviano. La belleza y el infierno.
Niccolò Ammaniti. Io non ho paura.
Paolo Sorrentino. Todos tienen razón.
Michela Murgia. La acabadora.
Isabelle Eberhardt. Hacia los horizontes azules.
Juan Villoro. 8.8. El miedo en el espejo.
Luis Manuel García Méndez. El señor de los naufragios.
Jaime García Maffla. Escenas de caza.
Fernando Ortiz. Miradas al último espejo.
Stephanie Alcantar. La incertidumbre también tuvo infancia.
Jordi Virallonga. Por si no puedes.
Víctor Rodríguez Núñez. Tareas.
Manuel Ruiz Torres. El inicio del mundo.
Francesco Matteuzzi y Elisabetta Benfatto. Anna Politkovskaya.
Roberto Saviano. La belleza y el infierno.
Niccolò Ammaniti. Io non ho paura.
Paolo Sorrentino. Todos tienen razón.
Michela Murgia. La acabadora.
Isabelle Eberhardt. Hacia los horizontes azules.
Juan Villoro. 8.8. El miedo en el espejo.
Luis Manuel García Méndez. El señor de los naufragios.
Jaime García Maffla. Escenas de caza.
Fernando Ortiz. Miradas al último espejo.
Stephanie Alcantar. La incertidumbre también tuvo infancia.
Jordi Virallonga. Por si no puedes.
Víctor Rodríguez Núñez. Tareas.
Manuel Ruiz Torres. El inicio del mundo.
lunes, 1 de marzo de 2010
Otras lecturas/ relecturas del mes de febrero
Muñoz/ Sampayo. Historias privadas.
Rafael Sánchez Ferlosio. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.
Guillaume Apollinaire. El paseante de las dos orillas.
Joseph Conrad/ Ford Madox Ford. La naturaleza de un crimen.
Mercé Rodoreda. La plaza del diamante.
Ryszard Kapuscinski. Cristo con un fusil al hombro.
Natalia Ginzburg. Serena Cruz o la verdadera justicia.
Natalia Ginzburg. Las palabras de la noche.
Natalia Ginzburg. Anton Chejov.
Dubravka Ugresic. No hay nadie en casa.
Dubravka Ugresic. El ministerio del dolor.
Isaak Babel. Diario de 1920.
Pedro G. Romero. Las correspondencias.
Iván de la Nuez. Mapa de sal.
Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta.
Charles Baudelaire. Mi corazón al desnudo.
Belén Núñez. Este lugar del sueño.
Blanca Andreu. Los archivos griegos.
Fernando Ortiz. Personae.
José María Eguren. Antología.
Domingo Rivero. Yo, a mi cuerpo.
Giuseppe Ungaretti. La alegría/ La tierra prometida.
Juan Manuel Artero. Son cuatro ramas.
Friedrich Nietzsche. Poemas.
Ana Merino. La voz de los relojes.
Ajo. Micropoemas 2.
Víctor Manuel Mendiola. Vuelo 294 y otros poemas.
Juan José Millás/ Forges. Números pares, impares e idiotas.
Ferdinando Scianna/ Antonio Ansón. Las palabras y las fotos.
Vincenzo Consolo. Sicilia paseada.
Rafael Sánchez Ferlosio. Vendrán más años malos y nos harán más ciegos.
Guillaume Apollinaire. El paseante de las dos orillas.
Joseph Conrad/ Ford Madox Ford. La naturaleza de un crimen.
Mercé Rodoreda. La plaza del diamante.
Ryszard Kapuscinski. Cristo con un fusil al hombro.
Natalia Ginzburg. Serena Cruz o la verdadera justicia.
Natalia Ginzburg. Las palabras de la noche.
Natalia Ginzburg. Anton Chejov.
Dubravka Ugresic. No hay nadie en casa.
Dubravka Ugresic. El ministerio del dolor.
Isaak Babel. Diario de 1920.
Pedro G. Romero. Las correspondencias.
Iván de la Nuez. Mapa de sal.
Joan Margarit. Nuevas cartas a un joven poeta.
Charles Baudelaire. Mi corazón al desnudo.
Belén Núñez. Este lugar del sueño.
Blanca Andreu. Los archivos griegos.
Fernando Ortiz. Personae.
José María Eguren. Antología.
Domingo Rivero. Yo, a mi cuerpo.
Giuseppe Ungaretti. La alegría/ La tierra prometida.
Juan Manuel Artero. Son cuatro ramas.
Friedrich Nietzsche. Poemas.
Ana Merino. La voz de los relojes.
Ajo. Micropoemas 2.
Víctor Manuel Mendiola. Vuelo 294 y otros poemas.
Juan José Millás/ Forges. Números pares, impares e idiotas.
Ferdinando Scianna/ Antonio Ansón. Las palabras y las fotos.
Vincenzo Consolo. Sicilia paseada.
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sábado, 30 de enero de 2010
Caleta (y II) A Cuba iré

La lectura de este último número de Caleta me ha recordado que a ningún otro país le dedicamos tanta atención en estos años como a Cuba. El hecho de que Mané y yo hayamos tenido amores más o menos vinculados a la isla no lo explica del todo. Tampoco nuestras militacias izquierdosas, condenadas con el tiempo a algunos crueles desengaños. Ahora me pregunto cómo ha cambiado Cuba en estos 15 años, y cómo nuestra mirada sobre su realidad.
Hace 15 años teníamos claro que simpatizar con el castrismo era estar del lado del bien, de la razón y la justicia social; ahora nos cuesta pensar que sea posible permanecer en ese margen sin cuestionar severamente muchos despropósitos del régimen. Hace 15 años, La Habana era para nosotros un laboratorio para la literatura y el arte donde siempre se cocían recetas interesantísimas; hoy, la cultura cubana es víctima de un (tal vez irreversible) proceso de atomización, y éstá más unida (es un decir) en los foros de internet que en la realidad material.
Revisando viejos números de Caleta, me da por pensar que, egoístamente, la revista ha sido una herramienta muy valiosa, permitiéndonos acceder a posiciones estéticas y políticas diferentes, e incluso opuestas, para ayudarnos componer mal que bien el vasto mosaico cubano de entre siglos. Me vienen a la cabeza varias fotografías. En una estamos Mané, Juanlu Pineda y yo en casa de Cintio Vitier y Fina García Marruz. Recuerdo una pequeña sartén en el fuego, y en ell un poco de cebolla crepitando y diseminando su olor por toda la casa. Hablábamos de poesía, pero yo no podía dejar de pensar en la cebolla, a la que no vimos incorporar ningún otro ingrediente.
Pienso en una fotografía de Alberto Lauro, que hizo un tiempo de secretario de Cintio y Fina, y que llegó a zambullirse como un buzo en el depósito de agua del matrimonio para demostrar que además de un tipo divertidísimo es un aceptable fontanero. Albertito, que hoy vive en Madrid abducido por el famoseo de papel couché, se rompió la barbilla una noche loca en Cádiz, y me parece que lo estoy viendo aún con su aparatoso vendaje, proponiendo una batalla de cojines en mi casa a las cuatro de la mañana, con Pineda y Dani Cortés.
Hay una fotografía en la que Mané y yo posamos junto al all stars de las letras cubanas tras presentar Caleta en la Feria del Libro de La Habana. Ahí estamos con los que anteayer eran casi ídolos, Miguel Barnet, Pablo Armando Fernández, Antón Arrufat, Roberto Fernández Retamar, César López... Y de pronto se me cruza con una foto que nos reúne con Enrique del Risco, todavía jovencito, sin una cana en la perilla y canijo como una caña, pero con la misma guasa corrosiva que le ha dado fama, y con las ideas afiladas que hacen de él una de las opiniones de mayor autoridad en los foros anticastristas de la red.
Pienso en una foto que tenemos con Pepe Pérez Olivares en su antigua casa de Guanabacoa, en otra de nuestro primer encuentro en Cádiz, y en una tercera de la última vez que nos vimos en Sevilla, donde ambos residimos. Y sé que se trata del mismo poeta, pero de tres ciudadanos muy distintos. De una misma sensibilidad para una cabeza que también ha ido replanteándose muchas cosas.
Pienso en una foto donde aparecemos conversando con el ministro de Cultura, Abel Prieto, y en otra en la que estoy hablando de rock progresivo con Yoss, el escritor heavy por excelencia de La Habana. Pienso en una foto viejísima en la que estamos en Jarandilla desafinando canciones con Barnet y Nancy Morejón, y en una muy reciente en la que aparezco con mi amigo y mi maestro Edmundo Desnoes, en Nueva York, comentando ese capítulo de Paradiso en el que Lezama lo invitó como personaje. Y ahora veo una de color sepia que me regaló mi hermano Ramón de Armas, historiador martiano que nos dejó hace mucho, en la que se le ve casi adolescente, desfilando con el fusil al hombro, en los primeros años tras la caída de Batista.
Los de dentro y los de fuera; los pro, los contra y aquellos que soñaron con un espacio de neutralidad, todos tuvieron en Caleta un hospitalario punto de encuentro, o ésa fue nuestra intención. Entonces todavía creía que una revista podía ayudar a cambiar las cosas, hoy no soy tan optimista. Es más, me temo que no sirva para absolutamente nada, sólo para crear un bellísimo envoltorio -lo es, comprúebenlo ustedes mismos- para un hecho trágico, el desencuentro de tres generaciones de creadores antillanos. Habrá quien piense que con no sembrar cizaña es bastante. Pero muchos creemos que la reinvención de Cuba pasará mañana, entre otras cosas, por reconciliar a sus mejores cabezas. A esa Cuba (¿mañana, hemos dicho?), a esa Cuba iré.
jueves, 21 de enero de 2010
Caleta (I) Una revista, dos amigos
He vuelto a Cádiz para presentar el último número de Caleta, ¡el 15 ya!, dedicado a la literatura cubana de la Revolución. Y aunque ya no pertenezco al cuadro de mandos de esta revista, me complace asistir a la cita y recordar, de camino, los diez años en los que sí lo hice.
Esta historia ya la he puesto alguna vez por escrito, pero me apetece volver sobre ella. Conocí a Mané García Gil en un sitio tan prosaico y periférico como es la Facultad de Derecho de Jerez. Él rondaba a una novia que yo tenía por entonces, y ella, con muy buen criterio, se dejó raptar por él. Más tarde la chica en cuestión -a la que tanto debemos- se fue con un tercero, y nosotros aprendimos la lección de que las novias no son de nadie.
El azar quiso que nos encontráramos y nos brindó el consuelo de crear una revista literaria. Mané ponía la capacidad de organización y la nada desdeñable herencia de su padre, fundador de la primera época de Caleta; yo ponía los contactos, la agenda de potenciales colaboradores. Él era sereno e inteligente; yo, audaz y explosivo. Teníamos de sobra para hacer un equipo razonablemente bueno.
Con el apoyo económico de la Diputación de Cádiz, que yo creo que iba más orientado a no perdernos de vista -debíamos de parecer unos Zipi y Zape- que a impulsar y difundir verdaderamente un órgano impreso, estuvimos durante diez años trabajando por amor al arte, al arte literario se entiende, y tratando de hacer de la revista un refugio rico y plural para los amantes de la literatura y el pensamiento.
Confieso que, recordando nuestra precariedad de entonces, me asombra repasar la lista de los colaboradores: Edgar Morin, Mario Benedetti, Francisco Nieva, Carlos Edmundo de Ory, Ernesto Cardenal, Andrés Trapiello, Pere Gimferrer, José Saramago, Joan Margarit, Francisca Aguirre y Félix Grande, Juan Villoro, Ernesto Sabato, Antonio Muñoz Molina, Rodolfo Fogwill, Enrique Vila-Matas, Alfredo Bryce Echenique, Jorge Volpi...
Un desencuentro con una delegada de Cultura del citado organismo -de cuyo nombre no es que no quiera acordarme, es que higiénicamente no me acuerdo- propició mi dimisión irrevocable de Caleta. Algún amigo que creyó que la empresa ya no sería la misma después de mi baja encontrará en este número 15 un rotundo desmentido: Caleta, con Mané en solitario al timón, no sólo mantiene las altas cotas de calidad que marcan su trayectoria, sino que las supera con creces. La revista es tan hermosa y tan potente en contenidos que, si lo llego a saber, dimito antes.
A pesar de lo dolorosa que resultó mi decisión, de algún modo todos hemos ganado. Y seguramente una cierta distancia -geográfica, más que nada- entre Mané y yo ha sido beneficiosa para ambos: a él le ha ahorrado mis muchas impertinencias, y a mí me ha permitido encarrilar mis fuerzas hacia otros empeños en los que hago más falta, como Mediterráneo Sur y Estado Crítico. A veces no hace falta figurar en una solapa para sentirse uno representado y honrado. Caleta es una parte demasiado íntima de mi biografía profesional y sentimental, sólo que antes me hacía sufrir y ahora, desde fuera, sólo puede darme grandes alegrías.
sábado, 9 de enero de 2010
Vanito Brown, Boris Larramendi y los conquistadores
En La Habana le pregunté al gran Silvio Rodríguez si, llegado el momento, estaría dispuesto a ceder el relevo a las nuevas generaciones de cantautores cubanos, o si por el contrario se aferraría a su trono. El maestro meditó unos segundos y respondió más o menos esto:
-El relevo no se cede, el relevo se conquista. Y cuando un artista es un conquistador, merece todo el respeto y toda la admiración. Ya no necesita que venga nadie cederle ningún testigo.
En ese mismo viaje, Juanlu Pineda, Mané García Gil y un servidor acudimos a la sede de Casa de América para ver un concierto de lo que se anunciaba como la novísima trova, los sucesores naturales de Silvio, Pablo Milanés, Augusto Blanca y compañía. De aquel recital saqué dos conclusiones: una, que aquellos chicos estaban aún por hacer, que debían madurar un poco y canalizar sus talentos; y la segunda, que aquello era un volcán de creatividad desbordante, que sin duda iba a darle muchas alegrías a nuestros oídos con el tiempo.
Así lo confirmó el primer disco colectivo que grabaron aquellos muchachos, reunidos como Habana Oculta. Así volvió a quedar de manifiesto con las sucesivas entregas del grupo, ya rebautizado como Habana Abierta. Kelvis Ochoa, Boris Larramendi, Luis Barbería, Vanito Brown, José Luis Medina y el resto de la troupe lograban el milagro de sacar adelante un proyecto unitario en el que no se vieran sacrificadas sus fortísimas personalidades artísticas. Lo mismo sucedía con su sonido: una música de profunda raíz cubana que no tenía complejos en nutrirse del pop, el jazz, el funk, la bossa... Borges habría dicho que escribían con toda la música a cuestas. Y eran capaces de emocionar, hacer denuncia social y sacar sonrisas, todo a la vez.
Fueron saliendo discos en solitario de unos u otros. Kelvis y Boris se embarcaron en la gira de Habana Blues. Volvieron a meterse en estudio para grabar un pequeña obra maestra como Boomerang. Hace un par de años vinieron a Sevilla y los entrevisté. Fui a verlos actuar a la sala Malandar y me encantaron, pero al parecer el grupo daba ya serios síntomas de ruptura. Tanto, que los biógrafos de Habana Abierta conocen ya aquella noche como el sevillazo.
Ignoro si las diferencias que les separaron podrán ser solventadas, ignoro si esa familia de talentos podrá volver a reunirse alguna simbólica navidad. Lo único seguro es que todos seguirán haciendo música, seguirán conquistando. El pasado mes de diciembre tuvimos a Boris en el ciclo La Casa de la Bombilla Verde, este fin de semana le toca a Vanito, ayer en San José del Valle y hoy en Ceuta. Tenía razón, una vez más, el viejo Silvio: no necesitaron que nadie viniera a otorgarles ninguna simbólica corona, ellos solos trabajaron para merecerla.
jueves, 29 de octubre de 2009
Rafael Alberti, me colé en tu fiesta
La primera vez que vi a Rafael Alberti, si no me equivoco, él soplaba las velas de una tarta -¿90, 92?- y yo ya me acercaba a los 20. Me había desplazado en autobús hasta El Puerto de Santa María sólo para oír la conferencia, abierta al público, que con motivo de ese cumpleaños daría allí Antonio Colinas. Esperaba que éste me firmara mi ejemplar de Sepulcro en Tarquinia y volverme, pero no sé cómo me colé en la cena, ocupé un asiento libre, no dejé un guisante en el plato y brindé como todos por la salud de hierro del poeta.
Luego, con la Fundación Alberti ya en marcha, lo veíamos siempre en las ceremonias de clausura, con la salud cada año un poco más mermada, pero ahí seguía. Hubo una época en que por necesidades económicas (y cierta curiosidad profesional) trabajé para una desastrosa agencia del corazón. Bueno, en realidad el desastre era yo, incapaz de preguntar a nadie por su vida privada, y absolutamente ignorante de la variopinta fauna que habita el papel couché. El caso es que propuse una entrevista con María Asunción Mateo, que me interesaba bastante más que las modelos y los novios de ésta o aquella, y coló.
Con el fotero Rafa Marchante fuimos a Ora Marítima, la villa de los Alberti a las afueras de El Puerto. Conversamos largo y tendido en el porche, y ya casi nos marchábamos cuando María Asunción nos preguntó: "¿No queréis saludar a Rafael?" Claro que queríamos. Lo encontramos sentado en su sofá, gordo como un buda, con su proverbial melena blanca cayéndole sobre los hombros y una mueca que quería ser sonrisa. Apenas podía hablar ya, y yo traté de mostrarle que no hacía falta, que sólo queríamos decirle que le queríamos y desearle que estuviera bien. Sus perros venían a rozarse con sus rodillas y jugamos unos minutos a rascarles las orejas y acariciarles el lomo, sólo eso. Luego nos marchamos por donde habíamos venido. No volveríamos a verle.
Han pasado diez años de su muerte, y dice María Asunción en la prensa que Rafael está más vivo hoy que nunca. Lamento no estar de acuerdo. Los poetas, dice Juan Carlos Mestre, no son caballos de carrera, pero sí tienen algo de valores bursátiles que suben y bajan sujetos a invisibles ciclos. Las acciones de Rafael no están hoy en alza, se han cometido errores, el nombre del poeta derivó en algo tan feo como una marca registrada, la Fundación se ha encerrado en sí misma, se ha vuelto tan proteccionista que ha terminado ensimismándose, y la primera perjudicada es la obra de Alberti. No estoy en absoluto de acuerdo en satanizar a la viuda, pero creo que se equivocó rompiendo con unos brokers tan devotos como García Montero, Luisito Muñoz o Benjamín Prado. Tampoco entiendo el desencuentro total con Aitana, la hija de Rafael, en cuya casa habanera brindamos una noche por la memoria y por los versos de nuestro ilustre paisano.
Quién disparó primero, es una pregunta que ya carece de sentido. Pero por el amor a Alberti y a sus libros imborrables, para que realmente vuelvan a estar vivos y en incesante circulación, unos y otros deberían firmar sin más demora algo parecido a un armisticio. ¿Cabría imaginar mejor homenaje en el décimo aniversario de su desaparición?
miércoles, 3 de junio de 2009
Otras lecturas/relecturas del mes de mayo
Marjane Satrapi. Persépolis.
Javier Cercas. Anatomía de un instante.
José M. Caballero Bonald. La noche no tiene paredes.
Waldo Leyva. Asonancia del tiempo.
Juan Lamillar. Entretiempo.
María Sanz. Hypnos en la ventana.
S. Yizhar. Hirbet Hiza.
Nikolái Gógol. Roma.
E. B. White. Esto es Nueva York.
Joseph Brodsky. Marca de agua.
Charles Bukowski. Secuelas de una larguísima noche de rechazo.
Juan Bonilla. Tanta gente sola.
Javier Cercas. Anatomía de un instante.
José M. Caballero Bonald. La noche no tiene paredes.
Waldo Leyva. Asonancia del tiempo.
Juan Lamillar. Entretiempo.
María Sanz. Hypnos en la ventana.
S. Yizhar. Hirbet Hiza.
Nikolái Gógol. Roma.
E. B. White. Esto es Nueva York.
Joseph Brodsky. Marca de agua.
Charles Bukowski. Secuelas de una larguísima noche de rechazo.
Juan Bonilla. Tanta gente sola.
miércoles, 1 de abril de 2009
Otras lecturas/ relecturas del mes de marzo
Art Spiegelman. Breakdowns.
Miguel Brieva. El otro mundo.
Sergio González Rodríguez. El hombre sin cabeza.
Martin Amis. El infierno imbécil.
Natsume Soseki. Botchan.
Giampaolo Rugarli. Andrómeda y la noche.
Elio Vittorini. Diario en público.
Carlo Feltrinelli. Senior service. Biografía de un editor.
Werner Haftmann. Renato Guttuso.
Sandro Penna. Una extraña alegría de vivir.
Agota Kristoff. Ayer.
Mercè Rodoreda. Viajes y flores.
Alan Moore/ Dave Gibbons. Watchmen.
Henry David Thoreu. Caminar.
David Franco Monthiel. Las cenizas de Salvochea.
Javier Vela. Imaginario.
Cristina Peri Rossi. Playstation.
Jaime Siles. Actos de habla.
Williams Carlos Williams. Antología bilingüe.
Rainer María Rilke. Sonetos a Grete Gulbrasson.
T. S. Eliot. La tierra estéril.
Carlos Marzal. Ánima mía.
François Rabelais. Tratado del buen uso del vino.
Jean-Marie Gustave Le Clézio. La música del hambre.
Rafael Rojas. El estante vacío. Literatura y política en Cuba.
Miguel Brieva. El otro mundo.
Sergio González Rodríguez. El hombre sin cabeza.
Martin Amis. El infierno imbécil.
Natsume Soseki. Botchan.
Giampaolo Rugarli. Andrómeda y la noche.
Elio Vittorini. Diario en público.
Carlo Feltrinelli. Senior service. Biografía de un editor.
Werner Haftmann. Renato Guttuso.
Sandro Penna. Una extraña alegría de vivir.
Agota Kristoff. Ayer.
Mercè Rodoreda. Viajes y flores.
Alan Moore/ Dave Gibbons. Watchmen.
Henry David Thoreu. Caminar.
David Franco Monthiel. Las cenizas de Salvochea.
Javier Vela. Imaginario.
Cristina Peri Rossi. Playstation.
Jaime Siles. Actos de habla.
Williams Carlos Williams. Antología bilingüe.
Rainer María Rilke. Sonetos a Grete Gulbrasson.
T. S. Eliot. La tierra estéril.
Carlos Marzal. Ánima mía.
François Rabelais. Tratado del buen uso del vino.
Jean-Marie Gustave Le Clézio. La música del hambre.
Rafael Rojas. El estante vacío. Literatura y política en Cuba.
miércoles, 28 de enero de 2009
Kiko Veneno por doquier
No sé si esto tendrá algún significado secreto, alguna lectura cósmica, pero últimamente me encuentro a Kiko Veneno por todas partes. Salgo a tomarme una copa y lo veo en El Perro Andaluz, al fondo de la barra, conversando con su compadre Pepe Quero. Voy a tapear al Boreas y allí está, rodeado de amigos en una mesa. Incluso cuando entro más tarde en el cine para ver Revolutionary Road, descubro que nos separan sólo cuatro o cinco butacas. Sevilla es un pañuelo, dirá alguno. Esas cosas pasan.
Ahorraré al amable lector extenderme demasiado sobre mi admiración hacia este músico. No he sido nunca fan suyo, pero me descubro ante la coherencia de su trayectoria, su personalidad y su arte. Su vinculación a Camarón, Veneno y Pata Negra le garantizaron hace mucho el ingreso en la historia de la música española por la puerta grande. Pero, lejos de dormirse en los laureles, ha seguido trabajando, reinventándose que se dice ahora. Además, contra su fama de arisco, he podido comprobar que es un señor serio, sí, pero amable y sensato, buen conversador, al que da gusto entrevistar.
Pero yo estaba en lo de los encuentros casuales. Uno de los más curiosos aconteció hace ya siete u ocho años en La Habana, cuando se inauguró un Centro Cultural de España en la hermosa Casa de las Cariátides, frente al malecón. El concierto de apertura lo daba Kiko Veneno, que había participado antes en cierto homenaje a Beny Moré, y que se acompañaba ahora de un esforzado grupo de flamenquitos cubanos, sin mucho pellizco pero con buen compás. El caso es que Juan José Téllez y yo aprovechamos la ocasión para hacerle una entrevista, y nos presentamos:
-¡Ah! Así que tú eres, Téllez. Y tú -se dirigió a mí- eres "A punto ELE punto. Cultura". Os leo muy a menudo.
Que Veneno me reconociera por las iniciales con las que firmaba en El País fue motivo de orgullo instantáneo. Luego conversé un rato con uno de sus acompañantes cubanos, que me pidió mis datos "por si algún día vamos pa' España", afirmó.
El papelito donde escribí mis señas, en efecto, llegó una vez a España. Cierta noche de octubre, entré a primera hora en el Son Latino, que durante varios años fue mi segunda residencia. Allí en la barra me presentaron a un joven cubano que acababa de aterrizar con una compañía de teatro. A los cinco minutos descubrimos que era uno de los músicos que había tocado con Kiko Veneno en aquel acto.
-Quizá puedas ayudarme a encontrar a alguien que debo contactar, un tal... -dijo, y sacó el papelito.
-"Alejandro Luque" -leí perplejo mi propia letra-. No busques más, ya lo has encontrado.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
Otras lecturas/ relecturas del mes de diciembre
Milena Agus. Mal de piedras.
Clarice Lispector. La hora de la estrella.
Clarice Lispector. Silencio.
Clarice Lispector. La ciudad sitiada.
Clarice Lispector. Felicidad clandestina.
Patrizia Runfola. Lecciones de tinieblas.
Patrizia Runfola. Praga en tiempos de Kafka.
Agota Kristof. Claus y Lucas.
Agota Kristof. La analfabeta.
Agota Kristof. No importa.
Lara Cardella. Quería los pantalones.
Constantino Bértolo. La cena de los notables.
Carlos Vitale. Unidad de lugar.
Marcello Fois. Hierro reciente.
Marcello Fois. Siempre caro.
Pedro Simoshe. No te lo vas a creer.
Sergio Chejfec. Mis dos mundos.
Wallace Stevens. La roca.
Italo Calvino. El castillo de los destinos cruzados.
Andrea Camilleri. Vosotros no sabéis.
Alan Pauls. Historia del llanto.
Allan Kaprow. La educación del des-artista.
André Maurois. Diario.
Federico de Roberto. Atestados.
Abilio Estévez. Muerte y transfiguración.
Agustín García Calvo. Cantar de las dos torres.
Lionel Tran. Sida mental.
Juan Antonio Bermúdez. Compañero enemigo.
Nacho Montoto. Espacios insostenibles/ Mi memoria es un tobogán.
Cristina Grande. Naturaleza infiel.
Jack Kerouac. Big Sur.
Clarice Lispector. La hora de la estrella.
Clarice Lispector. Silencio.
Clarice Lispector. La ciudad sitiada.
Clarice Lispector. Felicidad clandestina.
Patrizia Runfola. Lecciones de tinieblas.
Patrizia Runfola. Praga en tiempos de Kafka.
Agota Kristof. Claus y Lucas.
Agota Kristof. La analfabeta.
Agota Kristof. No importa.
Lara Cardella. Quería los pantalones.
Constantino Bértolo. La cena de los notables.
Carlos Vitale. Unidad de lugar.
Marcello Fois. Hierro reciente.
Marcello Fois. Siempre caro.
Pedro Simoshe. No te lo vas a creer.
Sergio Chejfec. Mis dos mundos.
Wallace Stevens. La roca.
Italo Calvino. El castillo de los destinos cruzados.
Andrea Camilleri. Vosotros no sabéis.
Alan Pauls. Historia del llanto.
Allan Kaprow. La educación del des-artista.
André Maurois. Diario.
Federico de Roberto. Atestados.
Abilio Estévez. Muerte y transfiguración.
Agustín García Calvo. Cantar de las dos torres.
Lionel Tran. Sida mental.
Juan Antonio Bermúdez. Compañero enemigo.
Nacho Montoto. Espacios insostenibles/ Mi memoria es un tobogán.
Cristina Grande. Naturaleza infiel.
Jack Kerouac. Big Sur.
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