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lunes, 5 de agosto de 2013

Otras lecturas/ relecturas de abril, mayo, junio y julio

Johnny Ryan. Pudridero 2.
Paco Ignacio Taibo II/ Eko. Pancho Villa toma Zacatecas.
Guy Delisle. Crónicas de Jerusalén.
Liniers. Macanudo 8.
Sammy Harkham. Todo y nada. 
Pep Brocal. Alter & Walter o La verdad invisible.
Daniel Clowes. El rayo mortal.
Paco Alcázar. Huracán de sensatez.
Maximilien Le Roy / A. Dan. Thoreau. La vida sublime.
Mauricio Wiesenthal. Siguiendo mi camino.
Mauricio Wiesenthal. Perdido en poesía.
Remedios Zafra. (h)Adas. 
Carla Carmona. En la cuerda floja de lo eterno.
José Luis Pardo Torío. Estética de lo peor. 
Guy de Maupassant. La vida errante.
Rainer Maria Rilke. En Ronda.
Mauro Corona. El fin del mundo equivocado.
Dacia Maraini. Bagheria.
Maurizio Serra. Malaparte, vidas y leyendas. 
Rory Carroll. Comandante. La Venezuela de Hugo Chávez.
Saul Bellow. Jerusalén ida y vuelta.
Henry Miller. Big Sur.
Jerome Ferrari. Donde dejé mi alma.
Dino Buzzati. El desierto de los tártaros.
Dino Buzzati. El gran retrato.
Leonardo Sciascia. Para una memoria futura (Si la memoria tiene un futuro).
Erri de Luca. Tú, mío.
Danilo Kiš. Una tumba para Boris Davidovich.
Danilo Kiš. Enciclopedia de los muertos.
Danilo Kiš. Lección de anatomía.
Srdjan Valjarević. Lago de Como.
Velibor Čolić. Los Bosnios. 
Pablo Martín Sánchez. El anarquista que se llamaba como yo.
Laura Freixas. Una vida subterránea (Diario, 1991-1994).
Llucía Ramis. Todo lo que una tarde murió con las bicicletas. 
Betina González. Las poseídas.
José María Conget. La mujer que vigila los Vermeer.
Miquel Martí i Pol. Un día cualquiera.
Pere Gimferrer. Alma venus.
José Ramón Ripoll. Piedra rota.
Joan Margarit. Se pierde la señal.
Antonio Hernández. Nueva York después de muerto.
Manuel Moya. Apuntes del natural.
Rafael Suárez Plácido. Simulacro. 
Carmen Moreno. Relámpagos.
Nacho Montoto. Tras la luz.

martes, 6 de noviembre de 2012

Otras lecturas/ relecturas del mes de octubre

Will Bingley y Anthony Hope-Smith. Gonzo.
Yoram Kaniuk. 1948.
Saphia Azzedine. Mi padre es mujer de la limpieza.
Eça de Queirós. Estampas egipcias.
Norman Manea. El té de Proust.
Miguel Barnet. Canción de Rachel.
Edmundo Desnoes. Memorias del desarrollo.
Edmundo Desnoes. Soy sin estar.
J. M. Castellet. Los escenarios de la memoria.
J. M. Castellet. Seductores, ilustrados y visionarios.
Andrés Neuman. Hablar solos.
Mara Torres. La vida imaginaria.  
Elvira Lindo. Lugares que no quiero compartir con nadie.
Enrique Vila-Matas/ Sylvia Molloy. Escribir París.
Antonio Álamo. Patadas
Antonio Molina Flores. Judith.
Antonio Molina Flores. El signo efímero.
Anónimo. Bibliópolis.
Theodore S. Beardsley. Elogio de la bibliofilia.
José Hierro. Cuaderno de Nueva York.
Maria Attanasio. Negro barroco negro.
Ilya Kaminsky. Bailando en Odesa.
José Mármol. Lenguaje de mar.
Carlos Sahagún. Las invisibles redes.
Jorge Salcedo. Naufragio y sedición en la isla de Juana.
Emilio García Montiel. Presentación del olvido.
Pablo del Barco. La piel de la razón.
Carmen Camacho. Campo de fuerza.

lunes, 2 de julio de 2012

Otras lecturas/ relecturas del mes del junio

Lamia Ziadé. Bye bye Beirut
Max. Bardín el Superrealista.
Antonio Segura y José Ortiz. Tex, L'Ora del Massacro.
Fernando Vallejo. El cuervo blanco.
Alberto Moravia. Agostino.
Valentí Puig. Ratas en el jardín.
Morris Berman. Las raíces del fracaso americano.
Julio Cortázar. Algo que anda por ahí.
Jacques Issorel. Fernando Villalón, la pica y la pluma.
Agustín Fernández Mallo. Yo siempre regreso a los pezones y al punto 7 del Tractatus
José María Moreno Jurado. Últimas mareas.
Almudena Guzmán. Poemas de lida sal.
Almudena Guzmán. La playa del olvido.
Almudena Guzmán. Usted.
Almudena Guzmán. El libro de Tamar.
Almudena Guzmán. Calendario.
Almudena Guzmán. El príncipe rojo.
Almudena Guzmán. Zonas comunes.
Luis Alberto de Cuenca. Palabras con alas.
José Carlos Llop. La dádiva.
José Pérez Olivares. Oda a la mano.
Ángel García López. Posdata.
Leopoldo María Panero. Sombra.
Juan Malpartida. A un mar futuro.
José Luis Rey. Las visiones.
Luis Aranha. Cocktails.
Ernesto Cardenal. Catulo/ Marcial.
Ernesto Cardenal. Vuelos de victoria.
Ernesto Cardenal. Quetzálcoatl.
Ernesto Cardenal. Pasajero de tránsito
Darío Jaramillo Agudelo. Gatos.

miércoles, 4 de abril de 2012

Otras lecturas/ relecturas del mes de marzo

Fritz. Bestiario ibérico.
Fritz. Espejismos de andar por casa.
VV. AA. Noctis Irae.
Erri de Luca. Adelfa, arcoiris.
Erri de Luca. Montedidio.
Erri de Luca. Lo contrario de uno.
Erri de Luca. Los peces no cierran los ojos.
Enrique Vila-Matas. Aire de Dylan.
Andrew Kaufman. La esposa diminuta.
Javier Pérez Andújar. Los príncipes valientes.
Javier Pérez Andújar. Paseos con mi madre.
VV. AA. Poesía contemporánea en lengua hebrea.
Antón Castro. Versión original.
Álvaro García. Canción en blanco.
Mario Rivero. Poemas urbanos.
Mario Rivero. Vuelvo a las calles.
Mario Rivero. Baladas.
Mario Rivero. Mis asuntos.
Mario Rivero. Poema con cámara.
Mario Rivero. Del amor y su huella.
Mario Rivero. Los poemas del invierno.
Mario Rivero. Flor de pena.
Mario Rivero. ¿Qué corazón?
Mario Rivero. Remember Spoon River.
Mario Rivero. V Salmos penitenciales.
Mario Rivero. Balada de los pájaros.
Mario Rivero. La balada de la gran Señora.
Mario Rivero. Viaje nocturno.
Eduardo Millán. Solvencia.
Lila Zembroain. El rumor de los pobres.
Carlos Edmundo de Ory. La memoria amorosa.
José María Gómez Valero. Los augurios.
Miguel Ángel Cuevas. Escribir el hueco.

sábado, 21 de mayo de 2011

Otras lecturas/ relecturas del mes de abril

Stan Lee/ Jack Kirby. X-Men.
Marina Gasparini Lagrange. Laberinto veneciano.
Alberto Manguel. Conversaciones con un amigo.
Yevgueny Yevtushenko. Manzanas robadas.
Maruja Torres. Fácil de matar.
Mircea Cartarescu. El ruletista.
Manlio Sgalambro. La consolación.
Andrea Camillieri. El campo del alfarero.
Cees Nooteboom. Lluvia roja.
Charles Simic. Una mosca en la sopa.
Charles Simic. La voz de las tres de la madrugada.
Sergio Pitol. Una autobiografía soterrada.
Khaled al Kamissi. Taxi.
Gunnar Ekelöf. La leyenda de Fatumed.
Antonio Colinas. La tumba negra.

viernes, 1 de abril de 2011

Otras lecturas/ relecturas del mes de marzo

Alessandro Baricco. Emmaus.

Aleksandr Hemon. Amor y obstáculos.

Joumana Haddad. Yo maté a Scherezade.

Carlos Pujol. Los fugitivos.

Antonio Orejudo. Un momento de descanso.

Rafael Reig. Todo está perdonado.

Jorge Edwards. La tumba de Montaigne.

Agustín Fernández Mallo. El hacedor (remake) de Borges.

Jorge Luis Borges. El hacedor.

Tony Judt. Algo va mal.

Llàtzer Moix. Arquitectura milagrosa.

Guillermo Pérez Villalta. Melancólico Rococó.

Luis García Montero. Un invierno propio.

Joan Margarit. No estaba lejos, no era difícil.

Alfredo Taján. Naumaquia.

Rubén Darío. Sonetos completos.

viernes, 1 de octubre de 2010

Otras lecturas/ relecturas del mes de septiembre

Tim Hamilton/ Ray Bradbury. Fahrenheit 451.
Honore de Balzac. Mujeres lo bastante ricas.
Albert Camus. El malentendido.
Albert Camus. Los justos.
Albert Camus. Estado de sitio.
Albert Camus. La peste.
Eric Hazan. Viaje a la Palestina ocupada.
Milena Agus. Perché scrivere.
Giorgio Todde. El extremo de las cosas.
Salvatore Satta. El día del juicio.
Henry James. El punto de vista.
Antón Chejov. Cuaderno de notas.
Adolfo Bioy Casares. Unos días en el Brasil.
Pietro Aretino. Casos de Amor.
Julián Rodríguez. Santos que yo te pinte.
Julián Rodríguez. Tríptico.
Ricardo Menéndez Salmón. La luz es más antigua que el amor.
Giovanni Verga. Cavalleria rusticana y otros cuentos sicilianos.
Darina al-Joundi/ Mohamed Kacimi. El día que Nina Simone dejó de cantar.
Don Winslow. El invierno de Frankie Machine.
José Martínez Ros. Trenes de Europa.
Carmen Moreno. Cuando dios se equivoca.
Luisa Futoransky. Partir, digo.
Eduardo Jordá. Pero sucede.
Francisco José Cruz. El espanto seguro.

domingo, 29 de agosto de 2010

Una mañana con Fogwill


No sé qué lugar le tendrá reservado la Historia de la Literatura a Rodolfo Enrique Fogwill. Si tuviera que hacer mi apuesta, creo que se le recordará por sus mejores cuentos, y que el viento se llevará sus febriles novelas, con la probable excepción de Los pichiciegos. De lo que sí estoy seguro es de que el escritor argentino, prematuramente fallecido la pasada semana a cuenta de un enfisema, siguirá vivo en mi memoria durante mucho tiempo como uno de los tipos más locos y divertidos que he conocido en este oficio.

Fue sólo una mañana, pero, ¡qué mañana! Primavera del 2005. Fogwill estaba en El Puerto de Santa María, invitado por la Fundación Luis Goytisolo. Quería conocer Cádiz y nosotros conocerlo a él, de modo que Mané García Gil y yo lo citamos a primera hora en el centro. No iba a pasar desapercibido en la ciudad aquel señor con cara de abuelete precoz en contraste con una mirada tremendamente viva y profunda, que disparaba genialidades como una ametralladora y se perdía por cualquier esquina a las primeras de cambio. Con el pretexto de comprar un mantón de manila para su mujer, volvió loca a la dependienta de una tienda especializada, a la que dejó llorando de risa y con el género intacto. Se empeñó en entrar en la tienda de juguetes Imaginarium y, al cabo de un rato, asomó por la puerta pequeña, reservada a los niños, caminando a cuatro patas y profiriendo agudos ladridos. Más tarde, cuando se nos sumaron Ignacio Echevarría y Belén Gopegui, convenció a un camarero de la Plaza de San Francisco para que le permitiera abrir una lata de hígado de bacalao que traía consigo, y allí mismo procedió a convidarnos a un filetito para cada uno de nosotros, todo ello con gran ceremonia. Cuando llegó mi fotógrafo, le pedí que retratara a Fogwill y a Echevarría para un formato de entrevista. Al cabo de un rato me dijo que había sido misión imposible: el argentino se había pasado la sesión cantando o intentando besar al crítico español.

A su regreso a Argentina tuvo la gentileza de enviarnos un poema, Llamado por los malos poetas, para nuestra revista Caleta. No es fácil saber de dónde sale un escritor como Fogwill, profesor desplazado por la dictadura, luego creativo de publicidad, con fama de haber escrito alguna obra en tiempo récord bajo los efectos de la cocaína, capaz de reírse de los mismos mitos que veneraba, experto en no tomarse nada en serio, menos el humor. Creo que escribía como vivía, y viceversa, con pasión, intensidad, conciencia del absurdo y mucha guasa. Bastaba una mañana a su lado para saberlo.

viernes, 2 de julio de 2010

Otras lecturas/ relecturas del mes de junio

Joe Sacco. Notas al pie de Gaza.
Dubravka Ugresic. El museo de la rendición incondicional.
Marcos-Ricardo Barnatán. Naipes marcados.
Javier Mije. El fabuloso mundo de nada.
Haruki Murakami. De qué hablo cuando hablo de correr.
Marcel Schwob. Vidas imaginarias.
Theóphile Gautier. La pipa de opio.
Jules Amedée Barbey d’Aurevilly. La dicha en el crimen.
Carlos Ann. Líneas perdidas.
Nuria Mezquita. Ellas se masturban.
Felipe Benítez Reyes. Vidas improbables.
Abelardo Linares. Y ningún otro cielo.
Ana Rodríguez Callealta. Vértigo.
Ángel Mendoza. Pájaro negro.

martes, 11 de mayo de 2010

Otras lecturas/ relecturas del mes de abril

Mery Cuesta. Istambul Zombi.
Pierre Michon. Cuerpos de rey.
Lord Chesterfield. Cartas a su hijo.
Dubravka Ugresic. Gracias por no leer.
W. G. Sebald. Vértigo.
David Grossman. Escribir en la oscuridad.
Milena Agus. La imperfección del amor.
Jorge Volpi. El insomnio de Bolívar.
Juan Goytisolo. La Chanca.
Enrique Vila-Matas. Dublinesca.
Martín Caparrós. Una luna.
Rodrigo Rey Rosa. El material humano.
Mario Vargas Llosa. Fonchito y la luna.
Fernando Vallejo. El don de la vida.
Edward Said. Representaciones del intelectual.
VV. AA. Kerouac en la carretera.
Francis Bret Harte. Cuentos californianos.
Laura Rosal. También mis ojos.
Luna Miguel/ Antonio J. Rodríguez. Exhumación.
Juan Bonilla. Cháchara.
Fernando Valverde. Los ojos del pelícano.
Juan José Téllez. Las grandes superficies.
VV. AA. Poetas en mutación.

viernes, 23 de abril de 2010

No te preocupes


Casi no me había dado cuenta, pero de un tiempo a esta parte es una frase que repito constantemente. No sé si lo hago como contribución cívica -tal y como están las cosas, me resultaría insoportable aportar algún nuevo desasosiego a mi prójimo- o como una especie de mantra que repito sin cesar. No te preocupes. No te preocupes.
Por ejemplo, uno de los componentes de Marlago se disculpa por fumar junto a mí durante la entrevista:
-No te preocupes -le digo-, yo he sido un devoto fumador hasta hace apenas dos años. Incluso todavía me gusta oler el humo.
Mercedes, la mujer que nos ayuda en casa, se disculpa por no poder venir el próximo día, pues tiene un pariente enfermo:
-No te preocupes -le digo-, la salud y la familia son lo primero.
El escritor Unai Elorriaga lamenta haber escrito "para Alejandra" y no "para Alejandro" en la dedicatoria que me hace de su último libro:
-No te preocupes -le digo-, hay mañanas que ni yo mismo sé quien soy, como el Orlando de Virginia Woolf.

Creo que este enfoque vital lo aprendí en Argentina. Allí hay una frase socorrida y magnífica que es "está todo bien". Es como un conjuro. Se puede estar yendo el país a la mierda, puedo todo ir cuesta abajo, y de pronto se dice "está todo bien" y suena como un bálsamo que lo mismo disuelve una disputa que distrae un dramón.

De modo que, mi querido lector, insospechado cómplice, aunque sé que te ha dejado el novio o la novia, y que te has quedado sin trabajo, y que no puedes sacarte de la cabeza ese marrón familiar o no tienes con qué combatir esa sensación de vacío, o simplemente estás harto de oír noticias catastróficas y de no ver horizonte por ningún lado, aquí te ofrezco mi mano y te invito a repetir conmigo:

No te preocupes. Está todo bien.

jueves, 1 de abril de 2010

Otras lecturas/ relecturas del mes de marzo

Liniers. Conejo de viaje.
Sergio Olguín. Lanús.
Sergio Olguín. Oscura monótona sangre.
Edgar Hilsenrath. Fuck America.
Rodolfo Walsh. ¿Quién mató a Rosendo?
Michel Leiris. Edad del hombre.
Abdelá Taia. Mi Marruecos.
Tariq Ali. Conversaciones con Edward Said.
Kirmen Uribe. Bilbao-Nueva York-Bilbao.
Vladimir Nabokov. El original de Laura.
Román Gubern. Metamorfosis de la lectura.
Jacques Bonnet. Bibliotecas llenas de fantasmas.
Jack Kerouac/ William Burroughs. Y los hipopótamos se cocieron en sus tanques.
Lampedusa. Lord Byron.
Petros Márkaris. Muerte en Estambul.
Richard Ford. Mi madre.
VV.AA. Por favor, sea breve 2.
Kobo Abe. Idéntico al ser humano.
Francisco de Quevedo. Poesía inédita.
Julio Martínez Mesanza. Elogio del desierto.
José Luis Rey. Barroco.
Sergio DeCopete y García. La ciudad de las delicias.
Daniel Lebrato. Elecciones generales, todo a cien.
F. T. Marinetti. Necesidad y belleza de la violencia.

sábado, 13 de marzo de 2010

Nínfulas: de Giardinelli a Olguín


¿Por qué me sorprendió saber que estaba vivo? Supongo que porque siempre lo tuve en el anaquel de los clásicos. O porque el público te da por finado si no te haces presente al menos una vez al año, o cada dos años. Pero con la reedición de su gran novela, Luna caliente, que acaba de ser llevada al cine -con escaso éxito, me temo- por Vicente Aranda, la editorial me dio la oportunidad de entrevistarlo vía mail. Uno de esos pocos momentos de gloria que esta profesión regala de vez en cuando: entrevistar a uno de tus primeros maestros, al escritor que te atrapó cuando tenías 15 o 16 años, y que el verano pasado volviste a leer con delectación, cosa extraordinaria.

En el correo que le envié no sabía cómo expresarle a Mempo Giardinelli mi gratitud y admiración. Creo que le escribí un elogio bastante torpe, que no tuvo demasiado eco en el correo de vuelta. Lo importante es que sí venían las respuestas a mi cuestionario, y que algunas de ellas ampliaban considerablemente mi visión de Luna caliente. Lo más curioso tal vez era la idea, en la que nunca hubiera caído, de que la chica de la novela es una metáfora de la Argentina, sistemáticamente golpeada, ultrajada, abusada, pero capaz de resucitar una y otra vez de su propia ruina, y paradójicamente enamorada de sus violadores.

Esta semana entrevisté a otro escritor argentino, Sergio Olguín, que obtuvo el premio Tusquets con una novela también corta y de corte negrocriminal, Oscura monótona sangre. Esta obra, separada casi 30 años de la de Giardinelli, guarda una similitud más con Luna caliente, y es el hecho de que un adulto mantenga relaciones sexuales con una nínfula adolescente. La diferencia es que ahora no hay ejercicio de la fuerza: al protagonista le basta con ofrecer comodidades materiales a la chica. Sólo tiene que comprarla con dinero.

domingo, 3 de enero de 2010

Otras lecturas/ relecturas del mes de diciembre

Gipi. Exterior noche.
Rep. Bellas artes.
Jonathan Swift. Los viajes de Gulliver.
Esther Tusquets. Confesiones de una vieja dama indigna.
Rodrigo Fresán. Historia argentina.
Jerzy Jarzębski. Schulz.
Kenzaburo Oé. Renacimiento.
Cees Nooteboom. Tumbas.
Gertrude Stein. París Francia.
Jules Renard. Diarios.
Charles Baudelaire. El spleen de París.
Charles Baudelarie. Cuadernos de notas y consejos a jóvenes escritores.
Pierre Jean Jouve. Poesía.
Henri Michaux. Escritos sobre pintura.
Henri Michaux/ R. Wilcock. Fragmentos.
Juan Pedro Quiñonero. El taller de la gracia.
Juan Manuel Roca. Los cinco entierros de Fernando Pessoa.
Carlos Edmundo de Ory. Novísimos aerolitos.
Carlos Edmundo de Ory/ Eduardo Chicharro. Las patitas de la sombra.
Rosario Troncoso. Juguetes de Dios.
Roberto Bolaño. Los perros románticos.
Juan Gelman. De atrásalante en su porfía.
Hans Magnus Enzensberger. La balada de Al Capone.
Benjamín Prado. Romper una canción.
Arcadi Espada (ed.). El fin de los periódicos.
Giampaolo Rugarli. La troga.

miércoles, 28 de octubre de 2009

Sacristán y/o Alterio

Fui al Lope de Vega a entrevistar, con motivo de su gira Dos menos, a José Sacristán y a Héctor Alterio. A éste último, que iba al teatro caminando a paso lento, enfundado en una chaqueta azul y con gafas de sol, lo pasé raudo con mi bicicleta. Sacristán esperaba muy erguido a las puertas del coliseo. En la rueda de prensa previa percibí que a ninguno de los dos le gustan las ruedas de prensa. Pues que no las hagan, joder: ya han vendido la taquilla para todas las funciones. No, se deben a su público y a los medios, que al fin y al cabo son quienes los mantienen en el candelero. No, no le deben nada a nadie: son unos monstruos escénicos que están por encima del bien y del mal. Aunque también son unos divos incapaces de disimular su vanidad. Tienen, desde luego, currículo para presumir, han hecho Historia en el cine y el teatro. Y ahora son unos pesados, hacen un teatro insoportablemente cursi y burgués. Eso es profundamente injusto con dos maestros de la interpretación y dos artistas comprometidos como pocos. Sacristán se interpreta a sí mismo a tiempo completo, y de vez en cuando a Fernán-Gómez soltando tacos y fingiendo indignación. Yo he llorado varias veces viéndole en El viaje a ninguna parte y en Un lugar en el mundo. Alterio tiene una sordera profunda. Carajo, el hombre tiene 80 años. Y debe hacer ímprobos esfuerzos para mostrarse simpático. Yo he llorado varias veces viéndole en La tregua y en El hijo de la novia. Todos los que amamos el cine o el teatro tenemos una deuda impagable con ambos. Pero es mejor verlos a distancia. Sacristán sigue siendo un galán a sus 70. Lo que no deja de tener su patetismo. Forman parte indeleble de nuestra memoria. Pero de nuestra memoria dividida, porque yo diría que no se pueden ver, Héctor Alterio tiene los ojos más azules de lo que parece en pantalla. Y usa la misma colonia que Andrés Neuman, argentino como él.

viernes, 23 de octubre de 2009

Madrid de puente (y III) Soledad en pantalla

Ese puente pude comprobar que los fines de semana no sólo se llenan hasta la bandera los teatros madrileños, sino también los cines, lo cual parece aún más extraordinario. Como todo el mundo a nuestro alrededor, dudamos unos instantes entre Tarantino, Woody Allen y Campanella, y al final optamos por el argentino. El secreto de sus ojos es una buena película, desde luego, llena de triquiñuelas, eso también, lo que Borges llamaría "un poco maquinita", pero sustentada por unos trabajos actorales formidables.
Ahí en la pantalla me gustó ver de nuevo a Soledad Villamil, a la que entrevisté hace ya más de un lustro cuando vino al Festival Iberoamericano de Teatro (FIT) de Cádiz. Yo estaba un poco fascinado por haber visto no hacía mucho El mismo amor, la misma lluvia, una película que conquista instantáneamente, pero que a duras penas resiste dos o tres visualizaciones. De la entrevista no recuerdo gran cosa, lo cual quiere decir que no hablamos de nada muy revelador y que mi memoria no da para mucho.
Sí que retengo que Soledad venía con su hijo pequeñito, que ya debe de estar haciendo la mili, y sólo se separaba de él para subir a las tablas. También que allí arriba cantaba e interpretaba y lo hacía muy bien, mejor que en el cine, donde se empeñan en clavarle unos primeros planos muy difíciles de sostener. En el filme de Campanella no está mal, pero es tan aplastante la presencia de sus compañeros, que acaba pareciendo una novata, o casi.
De todos modos, me gusta verla de nuevo en la pantalla grande, como me gusta saber que pasó por Cádiz, por ese FIT cuya nueva edición está a punto de comenzar, y en el que también actuara años antes el propio Ricardo Darín, o el gran Walter Reyno, que está gigantesco en El aura. Por allí pasó Soledad, más alta de lo que parecía en el cine, con un inconfundible lunar en la nariz y unos ojos bonitos y un poco tristes, idóneos para los papeles dramáticos.

sábado, 1 de agosto de 2009

Otras lecturas/ relecturas del mes de julio

Ari Folman/ David Polonsky. Vals con Bashir.
J. G. Ballard. Milagros de vida.
Agustín Fernández Mallo. Postpoesía.
Alberto Porlan. País.
Angelo Scandurra. El hondón de los espejos.
Petros Markaris. Noticias de la noche.
Petros Markaris. El accionista mayoritario.
Dimitri Calokiris. El museo de los números.
Giorgos Seferis. Tres poemas secretos.
Mempo Giardinelli. Luna caliente.
Valérie Mréjen. El agrio.
Erri de Luca. El día antes de la felicidad.
Mauricio Wiesenthal. Libro de Réquiems.
Homero. Odisea.

León Tolstói. Las tres preguntas.
Fernando Pessoa. El elfo y la princesa.
Fernando Pessoa. Lo mejor del mundo son los niños.
Marguerite Yourcenar. Cómo se salvó Wang-Fô.
Émile Zola. El paraíso de los gatos.
Virginia Woolf. La viuda y el loro.
Paula Carballeira/ Peixe. Mateo.

miércoles, 4 de febrero de 2009

Días de Facebook (I) Los Barnatán

Pues sí: por si no tuviera suficiente con tres teléfonos, dos cuentas de correo, una de MSN y el blog, he sucumbido a la tentación del facebook, ese divertimento burgués del que no tardaremos, también, en cansarnos. Lo que me interesa del invento es la posibilidad de reencuentro que presta, esa suerte de segunda oportunidad que nos brinda para retomar amistades extraviadas, quién sabe si también de revivificar amores marchitos y medio olvidados.
A mí me ha dado mucha alegría, por ejemplo, citarme de improviso en ese rincón virtual con Marcos-Ricardo Barnatán y su familia. Cuando terminé mis Palabras mayores y me dispuse a buscar prólogo, dudé entre pedírselo a alguna firma más o menos famosa, como Savater, o a quien no siendo tan célebre gozara de otra clase de prestigio. No me arrepiento nada de haberme decantado por la segunda opción. Barnatán, novelista y crítico de arte, argentino de cuna pero con el alma y el aspecto de un sabio de Sefarad, era y es el autor de la mejor biografía que hay sobre Borges en español, y por ello me atreví a pedirle unas líneas. No sólo no dudó en remitirme el texto deseado con sello urgente, sino que aceptó venir a Cádiz a presentármelo, y consintió la misma molestia en el acto similar que celebramos en la madrileña Casa de América.
El regalo de tener a Barnatán en mi ciudad fue, además, doble, pues vino acompañado de su esposa, Rosa Pereda. Maestra de periodistas, activa currante en el germen de El País, autora también de un montón de libros que van de la pintura a la política, Pereda -como la llama el propio Marcos- es una mujer sencillamente cautivadora. Puede parecer una tontería, pero la recuerdo muy a menudo cuando tomo un taxi: "el medio de transporte de los periodistas", me dijo cuando confesé que no tenía carné. Aún conservo con cariño en mi casita de Cádiz un tosco muñeco de palo que ella me regaló, comprado en la Plaza de la Catedral a un veterano heroinómano: yo no tiro nada que me evoque momentos felices.
Un par de veces visité la casa de los Barnatán en Madrid. La primera vez me abrió la puerta el hijo, Jaime, jovencito educado y sonriente, que hoy es una pujante figura del cine y la tele. Debutó, si no me equivoco, en El día de la Bestia, luego ha hecho muchas series y filmes, desde Torrente a El Comisario, y hasta sigue los pasos de sus progenitores haciendo pinitos literarios. Creo que me gané el respeto de una ahijada mía el día que le dije que yo conocía a Chuky, su personaje favorito en Los Serrano.
No hace mucho, Marcos-Ricardo Barnatán sufrió un infarto. Me alegra mucho que saliera de ese trance, y encontrármelo ahora de vez en cuando en la ventanita del carelibro, como dicen los colombianos. Pero no puedo olvidarme en esta enumeración familiar de la madre de Marcos, aquella señora adorable que me sorprendió con su visita cuando presenté mis Palabras mayores en Buenos Aires. Pensé que acudir a aquel acto era para ella una forma de estar cerca de su hijo, siquiera un instante, y de revalidar ese orgullo de madre cuando tocara oír su nombre seguido de los obligados elogios y gratitudes. Sentada en primera fila, yo la veía asentir con la cabeza y sonreír comprensivamente, como si dijera: "Sí, hijo, yo ya sé lo que es tener en casa a un chiflado por Borges".

lunes, 31 de marzo de 2008

Galaxia Borges

En algún lugar dije que forman "una suerte de constelación en torno a la estrella de Borges", a veces parecen incluso "más personajes borgianos que hombres que un día fueron de carne y hueso, y como escritores, también de tinta y papel". Ahora veo a algunos de ellos reunidos en un libro titulado, curiosamente, Galaxia Borges. Los hay que se apagaron hace tiempo, pero siguen brillando con luz prestada, como las estrellas extintas; otros, como quien dice, desaparecieron absorbidos por el poderío terrible del maestro argentino.
La selección, pienso, se ha quedado muy corta. Echo de menos a muchos: Almafuerte, Maurice Abramowicz, Enrique Banchs, Roberto Godel, Arturo Capdevila, Jacobo Sureda, Henríquez Ureña... Echo de menos a mi querido Fernando Quiñones, que habría figurado muy dignamente en este mapa cósmico. Y a Cansinos, cómo no. Echo de menos, desde luego, a unas cuantas chicas: Nora Lange, Estela Canto, María Esther Vázquez, Susana Bombal, ¡y a María Kodama, que tiene cuentos propios!
Claro que las galaxias son así. Por mucho que se apresuren los editores, ellas crecen mucho más aprisa. No se ha inventado telescopio que las abarque. Sabemos que no lo son, pero vistas desde aquí abajo, a ratos, nos parecen infinitas.

jueves, 28 de febrero de 2008

Borges en Madrid

Leo en la prensa que Madrid tendrá una sede de la Fundación Borges. Apuesto a que será, con los equipamientos necesarios, el verdadero centro de estudios del escritor. Estuve en la sede de la Fundación en Buenos Aires, guiado por una viejita sabia y adorable llamada Irma Zangara, que tuvo la inmensa amabilidad de presentar mis Palabras Mayores. Me permitió hojear los tres pequeños volúmenes de la Divina Comedia en los que Borges se dejó las pestañas yendo y viniendo en largos trayectos de ómnibus, pude sostener el célebre bastón de laca del maestro, incluso me sentí un poco lelo haciéndome una foto con él. La casa, formidable, estaba llena de reliquias, pero no de lectores. Y un escritor sin lectores es eso, una mano incorrupta dentro de una vitrina, un montón de tinta dormida, una ciénaga de sangre estancada. A María Kodama, lo entiendo, le han hecho demasiadas pirulas con la obra de Borges: de tan cauta, se ha vuelto desconfiada, ve más enemigos de los que tiene. El mes de mi visita a la Fundación, sólo había programado un concierto de violín: el resto era silencio; religioso, pero silencio.
Esa mudez también la tiene la Fundación Alberti, por mucho que cubra el expediente con jornadas cada vez menos relevantes; la tiene la Fundación Quiñones, la que más me duele, encerrada todavía en un piso como si fuera un mileurista. Hay demasiado miedo en todas ellas, y una terrible falta de fe en que la obra de los respectivos autores esté por encima de pequeñas miserias administrativas. Sueño ahora con la fundación futura que tendrá Carlos Edmundo de Ory. Ya sé que habrá -las ha habido ya- ambiciones espúreas, politiquerías, tejemanejes. Yo mismo he movido mis fichas interesadamente: la última vez que estuve con Carlos, le dije que estaba dispuesto a todo con tal de ser el camarero de la cantina de la Fundación Ory. Por cierto, ¿qué van a tomar los señores?