Fritz. Bestiario ibérico.
Fritz. Espejismos de andar por casa.
VV. AA. Noctis Irae.
Erri de Luca. Adelfa, arcoiris.
Erri de Luca. Montedidio.
Erri de Luca. Lo contrario de uno.
Erri de Luca. Los peces no cierran los ojos.
Enrique Vila-Matas. Aire de Dylan.
Andrew Kaufman. La esposa diminuta.
Javier Pérez Andújar. Los príncipes valientes.
Javier Pérez Andújar. Paseos con mi madre.
VV. AA. Poesía contemporánea en lengua hebrea.
Antón Castro. Versión original.
Álvaro García. Canción en blanco.
Mario Rivero. Poemas urbanos.
Mario Rivero. Vuelvo a las calles.
Mario Rivero. Baladas.
Mario Rivero. Mis asuntos.
Mario Rivero. Poema con cámara.
Mario Rivero. Del amor y su huella.
Mario Rivero. Los poemas del invierno.
Mario Rivero. Flor de pena.
Mario Rivero. ¿Qué corazón?
Mario Rivero. Remember Spoon River.
Mario Rivero. V Salmos penitenciales.
Mario Rivero. Balada de los pájaros.
Mario Rivero. La balada de la gran Señora.
Mario Rivero. Viaje nocturno.
Eduardo Millán. Solvencia.
Lila Zembroain. El rumor de los pobres.
Carlos Edmundo de Ory. La memoria amorosa.
José María Gómez Valero. Los augurios.
Miguel Ángel Cuevas. Escribir el hueco.
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miércoles, 4 de abril de 2012
jueves, 1 de octubre de 2009
Otras lecturas/relecturas del mes de septiembre
Robert Crumb. Recuerdos y opiniones.
Roberto Bolaño. Una novelita lumpen.
Amin Maalouf. El desajuste del mundo.
Thomas Bernhard. Mis premios.
Georges Perec. Un hombre que duerme.
Enis Batur. El laberinto de Dédalo.
Milan Kundera. Un encuentro.
Antonio Luque. Socorrismo.
Mercedes Cebrián. Cul-de-Sac.
Giuseppe Tommasi di Lampedusa. Shakespeare.
Fernando Iwasaki. España, aparta de mí estos premios.
Charles Bukowski. La gente parece flores al fin.
Rafael Courtoisie. Poesía y caracol.
Eugenio Montejo. Terredad.
Antonio Deltoro. El quieto.
Roberto Bolaño. Una novelita lumpen.
Amin Maalouf. El desajuste del mundo.
Thomas Bernhard. Mis premios.
Georges Perec. Un hombre que duerme.
Enis Batur. El laberinto de Dédalo.
Milan Kundera. Un encuentro.
Antonio Luque. Socorrismo.
Mercedes Cebrián. Cul-de-Sac.
Giuseppe Tommasi di Lampedusa. Shakespeare.
Fernando Iwasaki. España, aparta de mí estos premios.
Charles Bukowski. La gente parece flores al fin.
Rafael Courtoisie. Poesía y caracol.
Eugenio Montejo. Terredad.
Antonio Deltoro. El quieto.
viernes, 1 de mayo de 2009
Otras lecturas/ relecturas del mes de abril
Stefano Fabbri/ Danilo Manera. Il monile di Bengasi.
Martin Amis. Experiencia.
Henri Michaux. Las grandes pruebas del espíritu.
Henri Michaux. Un bárbaro en Asia.
Henri Michaux. Frente a los cerrojos, seguido de Puntos de referencia.
Antoine Compagnon. ¿Para qué sirve la literatura?
Ricardo Menéndez Salmón. El corrector.
Arturo Pérez-Reverte. Ojos azules.
Javier Codesal. Feliz humo.
Aquilino Duque. Entreluces.
Mario Benedetti. Testigo de uno mismo.
John Ashbery. El doble sueño de la primavera.
Juan Gelman. Mundar.
Nazim Hikmet. Poemas finales.
Rafael Ramírez Escoto. Ziggurat.
Martin Amis. Experiencia.
Henri Michaux. Las grandes pruebas del espíritu.
Henri Michaux. Un bárbaro en Asia.
Henri Michaux. Frente a los cerrojos, seguido de Puntos de referencia.
Antoine Compagnon. ¿Para qué sirve la literatura?
Ricardo Menéndez Salmón. El corrector.
Arturo Pérez-Reverte. Ojos azules.
Javier Codesal. Feliz humo.
Aquilino Duque. Entreluces.
Mario Benedetti. Testigo de uno mismo.
John Ashbery. El doble sueño de la primavera.
Juan Gelman. Mundar.
Nazim Hikmet. Poemas finales.
Rafael Ramírez Escoto. Ziggurat.
miércoles, 1 de abril de 2009
Otras lecturas/ relecturas del mes de marzo
Art Spiegelman. Breakdowns.
Miguel Brieva. El otro mundo.
Sergio González Rodríguez. El hombre sin cabeza.
Martin Amis. El infierno imbécil.
Natsume Soseki. Botchan.
Giampaolo Rugarli. Andrómeda y la noche.
Elio Vittorini. Diario en público.
Carlo Feltrinelli. Senior service. Biografía de un editor.
Werner Haftmann. Renato Guttuso.
Sandro Penna. Una extraña alegría de vivir.
Agota Kristoff. Ayer.
Mercè Rodoreda. Viajes y flores.
Alan Moore/ Dave Gibbons. Watchmen.
Henry David Thoreu. Caminar.
David Franco Monthiel. Las cenizas de Salvochea.
Javier Vela. Imaginario.
Cristina Peri Rossi. Playstation.
Jaime Siles. Actos de habla.
Williams Carlos Williams. Antología bilingüe.
Rainer María Rilke. Sonetos a Grete Gulbrasson.
T. S. Eliot. La tierra estéril.
Carlos Marzal. Ánima mía.
François Rabelais. Tratado del buen uso del vino.
Jean-Marie Gustave Le Clézio. La música del hambre.
Rafael Rojas. El estante vacío. Literatura y política en Cuba.
Miguel Brieva. El otro mundo.
Sergio González Rodríguez. El hombre sin cabeza.
Martin Amis. El infierno imbécil.
Natsume Soseki. Botchan.
Giampaolo Rugarli. Andrómeda y la noche.
Elio Vittorini. Diario en público.
Carlo Feltrinelli. Senior service. Biografía de un editor.
Werner Haftmann. Renato Guttuso.
Sandro Penna. Una extraña alegría de vivir.
Agota Kristoff. Ayer.
Mercè Rodoreda. Viajes y flores.
Alan Moore/ Dave Gibbons. Watchmen.
Henry David Thoreu. Caminar.
David Franco Monthiel. Las cenizas de Salvochea.
Javier Vela. Imaginario.
Cristina Peri Rossi. Playstation.
Jaime Siles. Actos de habla.
Williams Carlos Williams. Antología bilingüe.
Rainer María Rilke. Sonetos a Grete Gulbrasson.
T. S. Eliot. La tierra estéril.
Carlos Marzal. Ánima mía.
François Rabelais. Tratado del buen uso del vino.
Jean-Marie Gustave Le Clézio. La música del hambre.
Rafael Rojas. El estante vacío. Literatura y política en Cuba.
lunes, 24 de marzo de 2008
Coherente Benedetti
Cuando empecé a leer -a leer en serio, se entiende- me dejé deslumbrar por muchos autores, pero hubo uno que supo hablar como nadie de los dos temas que más me atraían en esa candente adolescencia: el amor y el compromiso político. Durante años fue La tregua mi novela favorita, me sabía de memoria docenas de poemas suyos, devoraba sus cuentos y su obra crítica. Creo que por mi segundo de BUP, me escapé una semana a Alicante porque él daba un seminario en la Universidad, y ahí que estuve todos los días sin despegarme de él ni para ir al baño, y no exagero: lo recuerdo instalándose con prisa junto al mingitorio en el que yo me encontraba, sofocado porque los oyentes solían entretenerle mucho después de las conferencias, pero su próstata llevaba muy mal las demoras. Por mediación de mi primo Rafa, una de las personas que más saben de su obra, recibí en casa un ejemplar de La borra del café dedicado de su puño y letra, días antes de que el libro llegara a las librerías. Era una estrella al alcance de la mano, un ídolo cercano y amable.
Tanto abusé de su lectura, que acabé anticipándome a sus trucos. Empecé a detectar sus flaquezas como poeta y prosista. Sus diálogos me cargaban porque todo el mundo, niños o mayores, hablaba con una sola voz, la del autor. También en lo ideológico -sobre todo en el respaldo incondicional al castrismo- empecé a distanciarme. Otros escritores fueron ocupando su pedestal, y así pasaron sus libros a ser un pecado de juventud, como los de Herman Hesse.
Seguí leyéndole, sin embargo, guiado más por un raro sentido de la fidelidad que por el verdadero placer. Si alguien lo criticaba a mi alrededor, salía en su defensa; pero si lo elogiaban en exceso, yo oponía todas las reservas del mundo. Se repitió demasiado, sí, a menudo se pasaba con el edulcorante, puede, demasiado dogmático, quizás. Pero Montevideo -salvo ese muelle, tan gaditano- me pareció una ciudad escrita por él, y toda la gente que conocí allí parecían personajes suyos, ¿qué escritor puede presumir de tanto?
Ahora Benedetti, muy viejito, casi sin voz, acaba de publicar un nuevo libro, Vivir adrede. Sus textos adolecen de las mismas cosas de siempre, pero el conjunto es bonito, lúcido y coherente. Así se lo conté hace unos días a un amigo. "Te ciega la nostalgia", me replicó en tono acusador. Puede ser cierto. Pero en todo caso será una nostalgia benedittiana a tope, una inconsolable nostalgia del futuro.
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