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domingo, 7 de octubre de 2012

Otras lecturas/ relecturas del mes de septiembre


Federico De Roberto. Los virreyes.
Petros Márkaris. La espada de Damocles.
Mauricio Wiesenthal. Perú.
Mauricio Wiesenthal. Yucatán.
Jorge Franco. Santa suerte.
Rafael Reig. Lo que no está escrito.
Juan Gracia Armendáriz. Piel roja.
Jacobo Siruela. El mundo bajo los párpados.
José Ovejero. Nueva guía del Museo del Prado.
Recaredo Veredas. Nadar en agua helada.
Alejandro Pérez Guillén. Matar a Narciso.
Ahmed Arif. Desgasté cadenas añorándote.

viernes, 1 de abril de 2011

Otras lecturas/ relecturas del mes de febrero

Horacio Castelanos Moya. La sirvienta y el luchador.

Andrzej Kusniewicz. El Rey de las Dos Sicilias.

Manuel Vicent. Aguirre, el Magnífico.

Stendhal. Vanina Vanini.

Aleksandr Hemon. La cuestión de Bruno.

Eugenio Montale. Poesía.

Pier Paolo Pasolini. Nueva York.

Julián Marías. Notas de un viaje a Oriente.

Manuel García. De bares y de tumbas.

martes, 1 de febrero de 2011

Otras lecturas/ relecturas del mes de enero

Carlos Edmundo de Ory. Diarios.
Nina Berberova. Aleksander Blok.
Leonardo Sciascia. Todo modo.
Leonardo Sciascia. El caballero y la muerte.
Giorgio Bassani. El jardin de los Finzi-Contini.
Marcos Giralt Torrente. Tiempo de vida.
Daniel Ruiz. La mano.
Jorge Molina. 123 motivos para no viajar a Sevilla.
Juan Eduardo Zúñiga. Brillan monedas oxidadas.
J. M. Estrugo. El retorno a Sefarad.
José María Álvarez. Los obscuros leopardos de la luna.
José María Alvarez. Diarios de la serpiente de Bronce.
Pablo Neruda. Residencia en la tierra.
Braulio Ortiz Poole. Hombre sin descendencia.
Rafael Adolfo Téllez. Muertes y maravillas.
Andrés Sanchez Robayna. La sombra y la apariencia.

miércoles, 1 de septiembre de 2010

Otras lecturas/ relecturas del mes de agosto

Robinson. Nueva York trazo a trazo.
Paul Theroux. Las columnas de Hércules.
Paul Theroux. La sombra de Naipaul.
Orham Pamuk. Estambul.
Orham Pamuk. Otros colores.
Luiz Eduardo Soares, Rodrigo Pimentel y André Batista. Tropa de élite.
Uwe Topper. Cuentos bereberes.
Shahriar Mandanipour. Una historia iraní de amor y de censura.
Abdellatif Laâbi. El síndrome andaluz.
Albert Camus. El revés y el derecho.
Albert Camus. Nupcias.
Albert Camus. El extranjero.
Albert Camus. El mito de Sísifo.
Albert Camus. Calígula.
Albert Camus. Carnets, 1.
Mario Vargas Llosa. Los jefes.
Allan Sillitoe. Fuera del torbellino.
Jean Echenoz. Correr.
Pierre Michon. Los Once.
Patrick Modiano. El horizonte.
Evelyn Waugh. Etiquetas.

jueves, 1 de octubre de 2009

Otras lecturas/relecturas del mes de septiembre

Robert Crumb. Recuerdos y opiniones.
Roberto Bolaño. Una novelita lumpen.
Amin Maalouf. El desajuste del mundo.
Thomas Bernhard. Mis premios.
Georges Perec. Un hombre que duerme.
Enis Batur. El laberinto de Dédalo.
Milan Kundera. Un encuentro.
Antonio Luque. Socorrismo.
Mercedes Cebrián. Cul-de-Sac.
Giuseppe Tommasi di Lampedusa. Shakespeare.
Fernando Iwasaki. España, aparta de mí estos premios.
Charles Bukowski. La gente parece flores al fin.
Rafael Courtoisie. Poesía y caracol.
Eugenio Montejo. Terredad.
Antonio Deltoro. El quieto.

viernes, 1 de mayo de 2009

Otras lecturas/ relecturas del mes de abril

Stefano Fabbri/ Danilo Manera. Il monile di Bengasi.
Martin Amis. Experiencia.
Henri Michaux. Las grandes pruebas del espíritu.
Henri Michaux. Un bárbaro en Asia.
Henri Michaux. Frente a los cerrojos, seguido de Puntos de referencia.
Antoine Compagnon. ¿Para qué sirve la literatura?
Ricardo Menéndez Salmón. El corrector.
Arturo Pérez-Reverte. Ojos azules.
Javier Codesal. Feliz humo.
Aquilino Duque. Entreluces.
Mario Benedetti. Testigo de uno mismo.
John Ashbery. El doble sueño de la primavera.
Juan Gelman. Mundar.
Nazim Hikmet. Poemas finales.
Rafael Ramírez Escoto. Ziggurat.

viernes, 6 de junio de 2008

Tokio la nuit (I) Murakami en Roppongi

La última semana de convalecencia se hizo un poco angustiosa, de modo que decidí ejercitar la lectura como evasión deliberada, consciente. Tada me había devuelto a Japón, y me propuse regresar a Tokio -donde sólo pude estar físicamente unos pocos días- a lo largo de tres noches seguidas, valiéndome de tres libros previamente elegidos. Personalmente prefiero el avión, pero si uno pone mucho empeño tampoco está tan mal volar sobre la letra impresa.
La primera noche me terminé el volumen de relatos de Haruki Murakami, Sauce ciego, mujer dormida. Murakami menciona a menudo Roppongi, conocida como zona pija y de notable animación nocturna. Ninguno de estos factores deben predisponer contra este distrito, toda vez que a uno le acompañen los suficientes yenes y el ánimo trasnochador. Calidoscopio monumental, Roppongi es un derroche de neones de colores sobre fachadas que te desnucan, pero sin el aire decadente a lo blade runner de un Shanghai. Su trasiego a pie de acera no se detiene nunca, y ni siquiera a las claras del día siente uno que desfallezca ese hormiguero vicioso y alegre. Mucho restaurante caro, sí, pero sobre todo locales de copas en cuyas puertas vemos arremolinarse a los porteros enchaquetados, corpulentos, muchos negros norteamericanos y latinos. Si te convencen para que subas, entras con ellos en un ascensor: cada uno de los pisos alberga un garito diferente. En la plaza de Taksim, en Estambul, estuve en sitios parecidos, pero a lo sumo tenían tres o cuatro plantas. Aquí estamos hablando de muchas más. Sólo un detalle hace antipático Roppongi a mi criterio, y es la insistencia de los camareros para que consumas continuamente. El espacio en Japón es caro, y si vas a ocuparlo más vale que pagues por él. Pero Roppongi, insisto, bien vale unos billetes, aunque sólo sea para sentirse dentro de aquellos cuadros pintados a aerógrafo que en los 80 trataban de imaginar cómo sería la diversión nocturna en el siglo XXI.
¿Y Murakami? Se sabe que en España se dio a conocer sólo hace unos años, cuando ya llevaba mucho tiempo siendo una celebridad en Japón y en Estados Unidos. Cuando algún amigo me ha preguntado qué tiene Tokio Blues para enganchar tanto, sólo he atinado a responder con un recurso borgiano: nada especial, pero tiene encanto. Ese encanto también asiste a sus cuentos, algunos tiernos, otros reflexivos, más de uno estremecedor. Algún crítico ha dicho que son buenos porque se antojan novelas abortadas. Disiento completamente. Más bien serán las novelas de Murakami relatos musculados, porque cada una de las piezas de este libro tiene su propia entidad y constituye un universo cerrado y completo, idóneo para perderse en él como en el laberinto insomne y luminoso de Roppongi.

jueves, 17 de enero de 2008

Tengo una pregunta para Omar

Aunque siento debilidad por otros músicos turcos de virtuosismo más florido, como Misirli Ahmet o los Harem, creo que cualquier disco de Omar Faruk es una gozada rebosante de aromas, texturas, visiones y sonidos estimulantes. Dentro de unas horas estará tocando en Sevilla, y como los bolos son muy liosos opté por enviarle un cuestionario [los libros de estilo de los periódicos lo prescriben tajantemente, pero por una superstición politiquera: una entrevista a un político la puede responder cualquier chicuco de su despacho, pero me resulta más dificil imaginar al cónyuge o al road-manager de un artista prestándose con solvencia a tales faenas].
Lo cierto es que tenía una pregunta para Faruk -bueno, siete, garrapateadas en inglés con la inestimable ayuda de Ilya-, y el músico sufi me ha hecho el honor de contestar en tiempo y forma. La entrevista completa se podrá leer pronto, espero, en El Correo o en nuestra web M'Sur (http://www.mediterraneosur.net/), pero adelanto una receta para cincelarla en mármol: "Tan pronto como te quedas bloqueado y preocupado por el porvenir", me dice, "empiezas a ver la vida como un problema, y se termina en el caos. Pero apenas conjures esas cosas con silencio y meditación, todo se relaja y se vuelve sencillo de nuevo. El sufismo recuerda que Dios ama a todas las cosas vivientes. Debemos tenerlo en cuenta, y más aún cuando surgen problemas".
Oído lo cual, no puedo más que decirle la única expresión en turco que retengo, ese forma tan bella al oído de dar las gracias: teshekur-ederum, amigo Faruk.