miércoles, 14 de mayo de 2008

Resaca de Feria

Es cierto: qué poquito he escrito en este blog sobre la Feria del Libro que acaba de terminar. Siento tentaciones de decir algo solemne, como que había que elegir entre la vida y la escritura y elegí la primera, pero mejor lo dejamos. No seguiré, empero, sin hacer un repaso fugaz de algunos escritores de mi interés que han pasado estos días por Sevilla. Me perdí, por ejemplo, a Vila-Matas, al que voy a recordar siempre en un boliche de fados de Lisboa, con esa mueca que tiene por trabajosa sonrisa y esa buena conversación, pero también por un libro suyo, El viaje vertical, que me gustó mucho y del que nadie habla. A Jorge Bucay, con quien sostuve una vez en Torrevieja una charla mucho más apasionante que toda su bibliografía junta, sólo pude intuirlo al final de una larga cola de gente que reía, lloraba o hacía ambas cosas a la vez. Me perdí a Joan Margarit, pero vi a Vicente Gallego con los tatuajes ocultos bajo una cazadora muy modernita, y a la Rossetti, temible para los periodistas en general, pero entrañable para mí. Me perdí a Sabina y a Benjamín Prado, pero lo hice aposta. Me encontré con Mercedes Castro, tipa divertida y locuaz como su novela, en busca de unos zapatitos de lunares para su hija. No vi en cambio a Espido Freire, la dama de los melocotones helados: nunca se acuerda de mi, pero yo no me enojo porque sé que es una buena chica. Me hubiera encantado charlar un rato con Matt Beynon Rees, cosillas de Palestina, pero tampoco pudo ser. Sí pude hacerlo, sólo unos minutos, con Javier Reverte, que acompleja a cualquiera que quiera dárselas de viajero. Me fue presentado Carlos Abadía, que ha debutado tardía pero felizmente con un título elocuente, Toda una vida: la que este escritor llevaba esperando a un editor como Mono Azul. ¿Qué más, qué más? Me crucé con el ministro Bernat Soria y con el presidente de la Junta de Andalucía. Me crucé con Fernando G. Delgado, que una vez me contó jugosas anécdotas de Quiñones, cada vez menos delgado. Me crucé con Almudena Grandes, que es grande y es un cielo. Me crucé por última vez con el maestro José María Bernáldez, que está en los cielos. Marieta y Juan Carlos Sierra tuvieron que correr al Vírgen del Rocío para darle la vida a Mario, y Ana y Jabo Pizarroso para salvársela a Mauro, ¡Feria de sustos y jueguitos de palabras, qué tranquilos nos quedamos, pero qué buenos ratitos nos deparas!

2 comentarios:

Lucia dijo...

Como he vivido en la Feria del Libro, literal y literariamente, se me ocurren más cosas.
Margarit estuvo breve, pero grande bajo la pérgola en una tarde de viento y lluvia. Qué bien suena el catalán.
A Vila-Matas lo puedes recuperar aquí: www.feriadellibrodesevilla.com/audio.html
Merece la pena. Y como no puedes hablar, dedícate a escuchar y escribir!
Beso.

alejo dijo...

Y se me olvidaban otras dos 'celebrities' que pasaron por aquí: Chris Stewart, hombre del Renacimiento perdido en la Alpujarra granadina, y Eduardo Galeano, con el que uno siempre acaba sintiéndose un poco bolchevique. ¡Qué bien habla Galeano,joé!