miércoles, 14 de mayo de 2008

Parte médico

Un montón de años estudiando Derecho sólo me enseñaron que cuanto menos pises un juzgado, mejor. Sospecho que en Medicina te enseñarán lo mismo de los hospitales, pero si tarde o temprano tienes que entrar en uno, que sea por un simple pólipo en la garganta.
Me citaron a las ocho menos cuarto de la mañana, e iba tan dormido -vivo con horarios de periodista- que pensé que no haría falta la anestesia. Pero, por otro lado, me daba mucha curiosidad saber qué tal era eso de colocarte legalmente, pues es sabido que algunos cirujanos y anestesistas son irredentos yonquis a su manera, y cada vez que tienen un mal día se regalan alguna dosis de lo que pillen a mano. Quiero decir que me imaginé en bata blanca a Burroughs y a Kerouac, en fin, cosas de estar en ayunas.
Luego recordé que este fue el hospital donde murió mi maestro Quiñones -yo estaba afuera, libreta en mano, cuando bajaron a comunicarnos la noticia-, y en él estaba pensando en la sala de espera, con mi pijama verde botella, mientras una señora de edad tendida en una camilla le preguntaba a un joven doctor con gorro de colorines si aquí todo el mundo se liaba con todo el mundo, como en Hospital Central o Anatomía de Grey: la guasa de Cai.
Por una rara asociación de ideas recordé que una vez me regalaron -y leí atentamente- la autobiografía de Linda Lovelace, la actriz de Deep Throat, para la cual un pólipo no habría supuesto ningún trauma.
Bueno, ya estaba tendido en la camilla, oyendo el ¡pit...pit...! de electro, con la vista perdida en los focos típicos de quirófano, un gotero en la mano izquierda y un poco decepcionado con el hecho de que lo que aspiraba no tuviera ningún olor a clandestinidad, cuando supe que entre ese momento y mi despertar pasarían varias cosas que me serían robadas, ocultadas, y recordé una película que en su día me causó una enorme desazón, Arrebato, de Iván Zulueta, en la que recuerdo vagamente a un tipo durmiendo y desapareciendo parcialmente bajo la mirada de una cámara, y pensé que, de algún modo, yo iba también a dormir y a desaparecer un rato.
Desperté ante una enfermera de hechuras maternales que se me antojó la mismísima Florence Nightingale, y yo un caído en la guerra de Crimea. O como Orwell en Barcelona, cuando una bala se llevó por delante una de sus cuerdas vocales, a ver si me sale un 1984.
Hace tiempo conocí a un poeta que llamaba a su mujer con una campanilla, pero peor que eso era el hecho de que la campanilla se la hubiera regalado la propia esposa. Ahora me quedan, al menos, un par de semanitas de pizarrín y de bocina, como Harpo el de los Hermanos Marx, ¡qué tiempos en los que me comunicaba con señales de humo!
Gracias a todos, hablamos pronto.

8 comentarios:

Antonio Rivero Taravillo dijo...

Me alegro que todo haya ido bien, "colocón" incluido. Hizo bien Sinatra en quitarse de en medio hace justo ahora diez años. Dentro de una días, "La voz" será la tuya rediviva. ¿Has pensado pasarte a la radio? Abrazo y pronta recuperación.

Ray dijo...

Pues estarás que trinas, porque si de algo te recuerdo bien es de tu inagotable fuente de palabras. Calladito... no te veo, no.
Deseo que la cosa haya salido bien y que tu mejoría vaya por camino recto y bien asfaltado.
Saludos cordiales
Ray

Ivan dijo...

Miedo me da esta semana de silencio que observarás, hermano: si calladitos están más guapos, durante esta semana nos vas a quitar las novias a todos.

salú!

amalia dijo...

Guapito (que es como se está callado), no hay operación que no valga, al menos, una lectura de blog. Para que luego digas que no te leo! Es lo me queda, ahora que mi oreja izquierda anda inquieta a falta del mejor percusionista de teclados que ha dado la historia de El Correo de Andalucía.
Quillo, recupérate despacito y haciéndole mucho caso a la Ñali. Déjate ver prontito, vale?
Besossssss
Amalia

Antonio dijo...

LENTAMENTE. Del otro lado. Yo apenas podía oír tu voz.
J.A.Valente.
Te quiere, tu novio.

alejo dijo...

1) Antonio: ¿No dicen que fue Quintero quien inventó el silencio en la radio?
2) Ray: ¡Ay, los vinos del Europa! ¿Tan inagotable fui?
3) Iván: ¿Pero tú cuándo has tenido novia?
4) Amalia: ¿Tan mal está la cosa para que eches de menos mis virtuosos solos de mesa y teclado?
5) Antonio: ¿Te quieres casar conmigo?
Gracias a todos, me siento la mar de acompañado, besos!

Patricia Miranda dijo...

¡Evohé! ¡Evohé!

Ana dijo...

Tómatelo como un voto de silencio y, como un buen monje, sigue sembrando sabrosos tomates en este ciberhuerto, que los demás te lo agradecemos.
Me alegro mucho de que todo vaya bien.
Mauro ya está curado.
Abrazo, Ana.