viernes, 30 de mayo de 2008

El sabor de las palabras

Leí con aprensión Terraza en Roma, de Pascal Quignard, una novela breve cuyo protagonista recibe una cuchillada en el cuello y "como consecuencia de su herida en la garganta, un divertículo se alojó detrás de sus cuerdas vocales y le debilitó la voz". No puede decirse, la verdad, que fuera una lectura muy evasiva. Probé con Derrumbe, la última de mi ya querido Ricardo Menéndez Salmón, en la que aparece un policía al que un tumor en la tráquea lo deja sin voz y le obliga a comunicarse a través de una pizarra veleda. El tipo no se coge ni una baja temporal y apenas sale del hospital ya está currando duro, lo que demuestra para empezar que no es de Cádiz.
Los dos títulos referidos cayeron el mismo día, para ser exactos en la víspera de mi revisión definitiva. Pero lo más inquietante es que esa casualidad, las dos alusiones a la pérdida de la voz, son del todo anecdóticas en el curso de ambas narraciones: podrían suprimirse sin afectar en lo más mínimo al cuerpo de las novelas.
Eso, de algún modo, me animó: me hizo pensar en mi propia mudez como una simple anotación marginal, o mejor, un paréntesis vacío, una nada entre corchetes, un espacio en blanco. Decidido a cerrar tales signos, acudí a recoger el visto bueno de la doctora. La endoscopia reveló la perfecta cicatrización del espacio donde se alojó el pólipo. La biopsia era también tranquilizadora. Ya podía volver a hablar. Pero, acostumbrado a mi vieja ronquera, ahora me parecía tener la voz de un adolescente. El aire salía de mi garganta pero no controlaba los tonos, como si quisiera asir algo con un brazo dormido. Será, me dije, cosa de acostumbrarse.
Al salir del hospital, recordé eso que se atribuye a La Paquera :"cuando canto, la boca me sabe a sangre". Muero con esas flamencuras, pero me temo que mis nuevas primeras palabras no tenían el regusto de los hematíes. Por el contrario, apenas me puse a cantar, la boca me brindó el viejo, inconfundible sabor de la tinta.

2 comentarios:

Marta dijo...

Me alegro compañero. Nueva voz, ¿nueva vida? quien sabe... Ojalá puedas venir el martes 3 a la reunión convocada de periodistas culturales. Anímate. Besazos de esta que tiembla ante lo que le espera.

alejo dijo...

Ves como no era para tanto? Feliz convalecencia, besos!