miércoles, 17 de junio de 2009

En PhotoEspaña (y III) Ferdinando Scianna

Pero a quien yo venía de veras a ver era a Ferdinando Scianna, fotógrafo de la agencia Mágnum y director de este encuentro de PhotoEspaña, pero sobre todo una mina de generosidad y afecto. He contado mil veces cómo lo conocí, pero creo que nunca lo puse por escrito. Ahí va:
Es sabido que Iván, conociendo la obsesión borgiana que me tenía atrapado desde que acabé mis Palabras mayores, no tuvo mejor ocurrencia que regalarme un librito de tapas rojas, publicado por la FNAC francesa, con fotos de... Jorge Luis Borges. Su autor, según supe más tarde, había sido algo así como el ahijado de Leonardo Sciascia, que le animó a publicar y a salir de su Bagheria natal.
Borges y Sciascia, libros, fotografías y Sicilia, muchas pasiones juntas -unas veteranas, otras recién estrenadas- que me animaron a echar el librito de Scianna en mi petate y a proponerme, como un juego, buscar todos y cada uno de los lugares exactos donde el autor de El Aleph había posado sus egregias nalgas. Al regreso, con la idea ya de escribir algo parecido a un cuaderno de viajes, puse en orden imágenes y notas y empecé la primera de las cuatro versiones de lo que sería mi Viaje a la Sicilia con un guía ciego.
Una noche, a punto de tomar el autobús de vuelta de Madrid a Cádiz, mi amiga Marucha Barbero me rogó que nos tomáramos al menos un café: se iba de vacaciones a Sicilia y quería que, al menos en una servilleta, le escribiera un par de lugares de inexcusable visita. Así lo hice, casi con la mochila en el hombro. "Bueno, si no tienes más tiempo -dijo Mar- no te preocupes, mañana viene un fotógrafo siciliano a Casa de América y puedo pedirle más pistas". Todo podía haber quedado ahí, pero se me ocurrió preguntarle el nombre del fotero en cuestión. "Fernando... o algo así". "¿Ferdinando Scianna?" "¡Eso! ¿Le conoces?". Ahí mismo, y tras mucha duda, rompí mi billete de Sevibús y decidí plantarme al día siguiente, a primera hora, en Casamérica.
Scianna no es, de entrada, un tipo cachondo. Tiene el cráneo pelado, rasgos duros y una mirada algo gélida, o eso me pareció. Pero su trato fue amabilísimo, y pareció caerle muy en gracia que un loco español se hubiera dedicado, por ejemplo, a triscar por las ruinas griegas de Selinunte o a recorrer el lujoso hotel Villa Igea de Palermo buscando los escenarios de sus fotos. Me contó que el primer viaje que él había hecho por Sicilia también había estado guiado por un libro de fotos, no recuerdo si una edición de Vittorini, y que también se demoraba confrontando las imágenes con los modelos originales.
Un tiempo después, mi libro fue premiado y se anunció su publicación. En la editorial, de cuyo nombre no quiero acordarme, me dijeron que no había capital para pagar fotos, ni con rebaja que vinieran. Escribí a Scianna, no sin pudor, contándole este hecho y subrayando mi deseo de que su trabajo acompañara mis textos. Su respuesta inmediata da una idea de el tamaño de hombre y artista del que estoy hablando: "Haces como quieras", escribió. "Yo como más de mis fotografias, pero tambien vivo di otras cosas. De la amistad, por exemplo".
Lo malo fue al ver las reproducciones de sus fotos en el libro. La editorial no sólo no había querido pagar un duro por el trabajo de un profesional de la Mágnum, sino que no había hecho ni la menor inversión porque el resultado final estuviera ni medio a la altura de los originales. Era una mierda. Algunas obras parecían borrones sin el menor contraste, era difícil hacerlo peor. Ni siquiera tuvieron la vergüenza de enviarle un ejemplar del libro y darle las gracias. Para eso habría que empezar, claro, teniendo algo de vergüenza. Pero en este mundo cada cual se retrata solo, y si los editores lo hicieron con estas inmoralidades, Scianna volvió a demostrarme quién era con un nuevo correo: "Cuando no consideran económicamente tu trabajo eso significa que lo desprecian. Me arrepiento, pero no por responder con amistad a la amistad".
Ha pasado tiempo de aquello, y la verdad es que no sabía cómo iba a reaccionar Scianna cuando nos viéramos, apenas una mañana, en Madrid. Bueno, para empezar, me cayó un abrazo apretado, conversamos brevemente, me presentó a Campbell y Andò, y sentí que era un momentazo cuando, reunidos los cuatro, dijo Scianna que aquí estaban "los Sciascia Boys". Evidentemente yo era el maletilla de aquella terna, pero estaba. Pena que no hubiera cerca una cámara para inmortalizar el momento, pero hay fotos que duran mucho más en la memoria que en el papel.

3 comentarios:

Lucia dijo...

No lo conozco, pero estoy segura de que Scianna se considera más que pagado con este cariñito tuyo tan incondicional.

Beso.

Lu

Alejandro Luque dijo...

Ojalá le llegue, Lu, porque tiene toda mi gratitud. ¡Y tú también, besos!

Alejandro Luque dijo...

Una entrevista con el maestro:

http://www.mediterraneosur.es/prensa/scianna_ferdinando.html