lunes, 13 de octubre de 2008

De Bienal (y IX) Morente, camino de los 70

El periodismo puede ser cualquier cosa, menos monotonía. No hay quien te salve de alguna jornada soporífera picando teletipos chorras -y ahí hay que invocar a Lao Tsé y aquello de gobernar un gran país/ como freir un pequeño pescado- , pero de vez en cuando puede que tu jefe te encargue algo tan apetecible como, por ejemplo, llamar a Enrique Morente para una entrevista. Entrevistar a un sabio, y uno tan educado como Morente, no como Steiner, es siempre una compensación que te reconcilia con el oficio para varias semanas.
Mientras repasaba datos, caí en la cuenta de que Morente fue el primer cantaor que yo escuché con gusto, pues participaba del proyecto Macama jonda -dirigido por el poeta Pepe Heredia Maya con la Orquesta Chekkara- que mi padre llevaba en el casette del coche cuando íbamos camino de embarcarnos en Algeciras, ¡cuántas veces escuché yo esa Tarara! Y luego aquel disco, Sacromonte, con una batería que me impresionó casi tanto como la de La leyenda del tiempo de Camarón. Una vez vi una foto de su hija Estrella en una revista y soñé que Enrique era mi suegro, pero fue una vez sólo. Y al fin llegó Omega, esa joya. Lo vi en directo en el Espárrago Rock de Jerez y me pareció sencillamente asombroso. Y lo he tarareado en Wall Street, eso de "la aurora de Nueva York tiene cuatro columnas de cieno...", y por la Quinta Avenida, "primero conquistaremos Manhattan...", pero siempre con la voz de Morente en los oídos. En persona lo vi a menudo por Candela, pues Miguel -otra vez Miguel- y Morente fueron íntimos compadres, pero nunca me acerqué demasiado. Creo recordar que jugaba muy bien al ajedrez.
El caso es que en la clausura de la Bienal, por más que los cabales puedan sacarle faltas por aquí y por allá, estuvo inmenso. Me puso la piel, como diría Bohórquez, como el caparazón de un centollo cantando por malagueñas. En la soleá se me fue la cabeza, y cuando la gente empezó a aplaudir volví del trance sin saber ni dónde estaba. Venía el artista ronco, medio mudo, y yo no sé de dónde sacó la voz para llegar a todos los agudos, incluidos los del Aleluya. Y va camino de cumplir 70 años. Que siga ahí hasta por lo menos 70 más, ¿por qué no?, que hoy la ciencia avanza que es una barbaridad.

4 comentarios:

Ivan dijo...

Hace dos horas que en un cine de barrio (es mentira: en Madrid ya no quedan cines de barrio, todos son de gran vía) pillé un folleto, reflejo de mis épocas de periodista cultural callejero. Ponía un nombre, Enrique Morente, una fecha, la de mañana, y un lugar, un colegio mayor. Quiso el cielo que a mi lado caminaba una chica que decía conocer a un ex becario que conocía al encargado de cultura de aquel colegio. Me ha prometido que mañana nos colarán.

(¿Se puede contar ya cómo me colaste en el Espárrago Rock para escuchar a Morente o aún te pueden pedir responsabilidades penales?)

(Para los momentos de fardar sin vergüenza queda lo de contar que Morente una madruga me acercó a casa en su coche. Vicisitudes del trabajo. Apenas hablamos por el trayecto. Imagino que así se tenían que sentir las quinceañeras cuando John Lennon las invitaba a subir al tráiler).

alejo dijo...

Y no, no se puede contar (todavía) cómo te colé en aquel Espárrago Rock. Y puesto a ronear -que suena más gitano- podríais contar que fuiste el traductor de una versión de 'La meteque' de Moustaki para una grabación de Morente que finalmente no fue registrada: y no porque no fuera buena, sino porque Isidro Sanlúcar tiene esos prontos. Algún día tendremos que hacer la lista de Viajes absurdos en coche con personajes ilustres: ahora que estoy en Barcelona, he recordado que una vez tuve medio aplastado al pobre Vázquez Montalbán en un Renault 5, ¡besos!

Ivan dijo...

pero si tú no conduces, mentirosoooooooooooo! que te he pillado. más quisiéramos...

lo de Morente fue eso: me llevó a casa tras hacer yo de traductor entre él y Khaled, el tipo que inventó el rai (ahí es ná). Pero resulta que Morente parla un francés aceptable y todos los raieros argelinos comprenden castellano (manque sea para decir: Paco es Dios. Son así de guitarristas). Así que me quedé callaito y escuchando. Y sí, tengo todavía la versión traducida, rima y es cantable. te la regalo. un beso

alejo dijo...

Pero vamos a ver, señor Iván, que le veo a usted muy suspicaz, ¿quién ha dicho que yo fuera conduciendo? Íbamos en el asiento de atrás, el bueno de Manolo, yo en medio como los miércoles, el Noni Hernández y Juan Diego. Así que retire lo de mentiroso, o al menos quítele un puñado de oes, que queda muy agresivo. Sólo después cantaremos juntos, con el mal oído que nos caracteriza, su versión de 'La meteque'.