sábado, 4 de octubre de 2008

De repente, Félix Grande

A pie o en bicicleta, me gusta rodar por Sevilla desde Prado hasta la Alameda, ese paseo de aromas barrocos mezclados con tentaciones consumistas -hablo de FNAC, la Casa del Libro, Beta. Me gusta, y mucho, que ésta sea una ciudad lo suficientemente grande como para no encontrarte con quien no quieres, pero que en cambio propicie encuentros casuales de lo más gratos. Cada vez soy más miope, de modo que ese lapso en el que uno no termina de reconocer a una figura familiar -¿Es? ¿No es?- me depara siempre minutos excitantes.
El otro día iba caminando la orilla de la Catedral cuando divisé a lo lejos la cabeza plateada, de tribuno romano, de Félix Grande. Conforme íbamos acercándonos -¿Es? ¿No es?- me invadió una progresiva alegría que culminó en abrazo. No es este post el lugar para hablar de mi admiración por la obra de Félix, de su talla de poeta, de narrador, de conocedor de la literatura, las artes y el flamenco, de su altura humana. Otro día hablaré también de su mujer, Paca, Paquita, mi poeta preferida. Ahora sólo quiero consignar aquel breve encuentro, las cuatro palabras que cruzamos:
-¡Félix! ¿Qué te trae por Sevilla? ¿Vienes a la Bienal, o...?
-No, no, me marcho hoy mismo, sólo vine -y señaló a dos señores que le acompañaban- a una cosa de los sindicatos...
-¿Y Paca, está bien? Llevo buscando un libro suyo, el último, desde hace meses, y no hay manera, ni en Madrid...
-¡Cómo! ¿El de las Nanas? Llámala, te lo manda hoy, ¡esta misma tarde!
Seguí el camino pensando que me gusta vivir en una ciudad en la que pueda encontrarme de casualidad a gente como Félix Grande.

6 comentarios:

Ivan dijo...

No sé si es cuestión de ciudad o de ciudadano: todos los gaditanos que conozco se suelen encontrar a cada rato casualmente en Madrid, mientras que yo tardo años en coincidir con alguien conocido en la misma ciudad.

No deja de ser llamativo que el flamencólogo Félix Grande vaya a Sevilla no para ir a la bienal sino a una cosa de sindicatos.... ¿tan poco atractiva está la bienal? ¿o tan importantes son por fin - y no digo que no - los sindicatos?

valero cortadura dijo...

Lo bueno sería que eso pudiera pasar en Cádiz, y un día por el mentidero me pudiese cruzar con Carlos Edmundo o contigo Alejandro. En cambio hay que aguantarse y cruzarse con mucho mediocre chupatintas que vive del cuento literario de las instituciones. En fin, seguiremos esperando

alejo dijo...

Iván querido, me temo que no podemos tomarte como vara de medir, porque si no recuerdo mal una vez no me reconociste al cruzarnos en los baños de la estación de, con perdón, Guarromán. ¿Cómo quieres ver tú a alguien en la populosa Madrid? Bromas aparte, la Bienal está regular na más. Y los sindicatos, aunque tengan su miga, no quiero ni imaginar cómo estaríamos si no existieran. ¿Y tú me lo preguntas? ¡El parado eres tú! Besos

alejo dijo...

Amigo Valero, no pierdas la esperanza, yo en la trimilenaria me he llevado estupendas sorpresas, sobre todo antiguamente, cuando había muchos bares y cerraban tarde. Una amiga mía polaca se encontró incluso con su cantante polaco preferido cenando en la Viña. Sólo ella lo reconoció, claro.
PD.- Acabo de saber que Félix Grande vuelve mañana para recitar en la Bienal, en un espectáculo de José María Gallardo. ¡Abrazos!

Ivan dijo...

Acuso recibo o recibo acuso. Para los que no estuvieron presentes, me permito señalar a pie de página que en Guarromán - con perdón - eran las tres de la madrugada y yo iba con los ojos cerrados (tras unos centenares de viajes en el Sevibús, uno es capaz de deambular en las paradas sin tener que despertarse). Me alegro por Félix, de paso. ¿Recita? ¿Qué recita?

alejo dijo...

Aclaración aceptada, querido Iván. Todo el que haya montado alguna vez en Sevibús se solidariza contigo. En cuanto a lo de Félix, le ha puesto letra a una música de tango de Piazzolla y hoy la recitará en el Lope de Vega. Habrá que ir, ¿no? ¡Besos!