miércoles, 12 de noviembre de 2008

La Ministra y los ministriles

Hacía tanto tiempo que no trasnochaba -hablo de trasnochar de veras, hasta las claras del día- que casi había olvidado por qué me gusta tanto el trasnoche, y más concretamente el trasnoche gadita, que durante años y años fue el mío. El sábado lo recordé. Fui con Juanlu Pineda al Pay-Pay, antiguo cabaré convertido hoy en uno de los pulmones culturales de la ciudad. Allí, con el pretexto de un recital del espléndido cantautor malagueño José Antonio Delgado, se dio una concentración de talento musical poco frecuente. Por un lado asomó Miguel, una de las almas fundadoras de Antílopez, que tiene gracia para parar dos aves. No le va a la zaga Boni, ni en lo de cantar bien ni en lo del buen humor. También reconocí a Paco Medina, gaditano, y a Joaquín Calderón, hispalense. Quien más, quien menos, todos ellos llevan sus añitos haciendo canciones y tocando en toda suerte de boquetes. Tienen todo mi respeto, ¡brindo por ellos!
En esas estaba cuando asomó por la puerta la mismísima Ministra de Igualdad, Bibiana Aído, fiel asidua del Pay-Pay, aunque ahora le sea un poco más difícil dejarse caer por los bares, e imposible hacerlo sin escolta. Recuerdo que, cuando supimos de su nombramiento, Iván me alargó una copa para celebrarlo y me dijo: "Ya sabemos que una amiga nuestra puede ser Ministra. Ahora sólo falta saber si una Ministra puede ser nuestra amiga". Por el modo en que me saludó, por el breve gin-tonic que compartimos poniéndonos al día de nuestras respectivas vidas, yo quiero creer que sí, que Bibi es una buena amiga, porque tras la cartera hay una gran persona. ¡Brindo por ella!
Pero la noche tenía que seguir, cerramos el Pay-Pay -qué gusto da cerrar bares, eso también lo había olvidado- y nos dirigimos a ¿dónde? Me sentía como un ratón arrastrando tras de mí a un montón de flautistas de Hamelín. ¿A dónde vamos a ir, picha? ¡Pues al Cambalache! Allí, como diría su dueño, Hassan, no hay noche que no pase algo. Y algo bueno. El otro día tocaba magia. Por allí andaba el musicólogo Faustino Núñez, que de inmediato pidió una guitarra. A mi vera, acodado en la barra, don David Palomar, paradigma de duende y compás. A un lado y otro del noble mármol, Tere y Ale, de Chirigóticas. Al fondo, varios integrantes de la chirigota de El Selu y el gran bajista Alfonso Gamaza, junto a su hermano Gonzalo, que fue pianista. Y el antedicho batallón de trovadores, ¿había o no había arte entre aquellas cuatro paredes?
Hubo cante grande, risotadas clamorosas, abrazos fraternos y su poquito de alcohol, no para caldear el ambiente, que funcionaba con la calefacción natural de los corazones, sino para que nunca falte el brindis. Claro que hay noches estériles y gravosas, pero una como la del sábado vale por muchas. Que no se me olvide brindar por ello.

3 comentarios:

Me_llaman_coko dijo...

Una noche en Caí tiene que ser estupenda.

Cuando la pase te cuento.

Un saludo

Alejandro Luque dijo...

Hombre, Jesús, no hay garantía de que todas las noches vayan a ser como la que cuento en este post, pero seguro que la disfrutas. ¡Allí tienes tu casa!

Alejandro Luque dijo...

Una entrevista con Aido:

http://www.mediterraneosur.es/prensa/aido_bibiana.html