domingo, 2 de noviembre de 2008

Ceuta (II) Dani Cortés, historias de guitarristas

Mi guitarrista favorito se llama Daniel Cortés, es ceutí y desde hace ya unos quince años honra mi agenda con su amistad gigante y mis oídos con la exquisita sensibilidad de sus seis cuerdas. A veces, además, recibo el honor añadido de compartir escenario con él, concretamente en la banda de Juan Luis Pineda, y eso es ya el no va más: un regalo que no merezco y que me hace pensar que esta vida no es tan avara como a ratos pudiera parecer.
El caso es que Dani -cuyo myspace recomiendo encarecidamente- no sólo es un músico personalísimo, sino también una inagotable enciclopedia de música. Un rato con él equivale a varias clases magistrales, y siempre que nos encontramos vuelvo a casa con dos o tres genios nuevos en el i-pod. El otro día me quedé a dormir en su casa y, bicheando en su ordenador, di con varios guitarristas que acaso merecerían cada uno una novela. No me resisto a mencionarlos aquí, por si algún ocioso biógrafo, ayuno de ideas, se dejara inspirar.
Empecé viendo y oyendo a Mike Stern, superviviente nato de todos los vicios, en permanente estado de gracia; seguí con Shawn Lane, músico tan gordo que la guitarra parece un tres cubano en su regazo, muerto prematuramente con apenas 40 años, no sin antes desarrollar un discurso musical muy, muy sugerente; llegué a Paul Gilbert, muy apreciado por mí desde los tiempos en que tocaba con Racer X, y tan evolucionado que aparece en un vídeo disfrazado ¡de astronauta!
Luego me detuve en el caso terrible de Jason Becker, un músico extraordinario que yo conocía desde que militara junto a Marty Friedman en el grupo Cacophony, un derroche de virtuosismo y fuerza como no habíamos oído antes. Becker siguió luego su carrera acompañando a grandes rockeros como Alice Cooper o David Lee Roth, y da gusto ver en las viejas grabaciones sus dedos volando sobre el mástil y produciendo bellísimas filigranas a gran escala. Nadie, ni en la peor de las pesadillas, podía imaginar entonces que la fatalidad iba a cebarse con él hasta tal punto que una extraña enfermedad degenerativa provocaría un desmesurado crecimiento de sus manos y una parálisis casi absoluta de su cuerpo. Casi me echo a llorar al ver a aquel guitar hero postrado en una silla, congelado en una mueca trágica, sin poder siquiera hablar. Y más me emociona saber que, gracias a un elaborado código de parpadeos, Becker sigue componiendo, creando aquella música fabulosa por encima de sus minusvalías físicas.
Finalmente, me dejé asombrar por el no menos espectacular caso de Pat Martino, tal vez uno de los mejores guitarristas de jazz de todos los tiempos. Con treinta y pico años, siendo ya un intérprete consagrado, Martino fue sometido a una operación cerebral que tuvo como consecuencia una pérdida total de la memoria y la completa abolición de su habilidad para tocar. Se recuperó estudiando sus propios discos, y siete años después regresó a los escenarios con un nuevo trabajo, tanto más admirable que los anteriores.
Ya lo dijo Borges: "Traiga cuentos la guitarra..."

1 comentario:

Eduardo dijo...

Hola Amigos, soy Eduardo Sandino un guitarrista de Bolivia los invito a escuchar mi musica visiten www.youtube.com/EduardoSandino y apoyenme, tambien tengo canciones para bajar en http://www.myspace.com/EduardoSandino ... Gracias...