martes, 27 de octubre de 2009

Rakel Winchester y Luis Medina en Córdoba

Sucede de un tiempo a esta parte con cierta frecuencia: voy con Juanlu Pineda a tocar a cualquier sitio, y cuando queremos darnos cuenta, comprobamos que hay mucho más talento frente a nosotros que sobre el escenario. Ganas nos dan, créanme, de bajarnos e invitar a subir a quienes saben de esto. La otra semana fuimos a Córdoba, al muy ilustre y acogedor local La Espiga, y volvió a repetirse el cuento. Ya empezó a darme buenas vibraciones el hecho de descubrir, en esos anaqueles que en otros bares suelen sostener libros sin interés, saldos que nadie quiere, un viejo título del poeta Amador Palacios y un ejemplar del Campo lunario de Antonio Hernández, que ya es decir.
Antes de empezar el recital, asomó el cantautor cordobés Luis Medina. Para nosotros, Medina será siempre el vértice de un triángulo que completan Matías Ávalos y Luis Felipe Barrio, a los que algún día dedicaré un post aparte; tres músicos que en nuestra primera juventud escuchamos muchísimo, y que todavía hoy resisten la prueba del tiempo cuando los echo a batirse el cobre en mi equipo de música. Medina, artífice de canciones tan entrañables como aquella Sara en blanco y negro, es además un tipo llano, amable y con notable sentido del humor. Sigue tocando, aunque se prodiga poco. Tuvo la generosidad de quedarse todo el concierto, nos dio muchos ánimos y un viejo y hermoso disco, Humana.
A nuestra espalda, tras la barra, nos sorprendió reconocer a Rakel Winchester, otra artista que merece todo nuestro reconocimiento. En España "poca vergüenza" es una ofensa que aplicamos -a menudo con justicia- a algunos políticos, pero en Cádiz es sinónimo de desparpajo, casi de libertad. Rakel puede presumir de haber escrito las letras más desvergonzadas de la música española, yendo mucho más lejos (en lo lírico como en lo musical) que la mayoría de la iconoclasta movida madrileña, por ejemplo, pero además en una época en la que escandalizar es mucho más difícil. Es una suerte de Nina Hagen o de Wendy O. Williams cañí, pero con un elemento fundamental del que adolecían aquellas dos lobas del punk: tiene sentido del humor. Me contó que el negocio está de capa caída, que su último disco no tuvo la difusión que merecía, pero yo confío en que remonte el vuelo. Se ha ganado el derecho a tener suerte y tendrá su recompensa.
Con tal compañía de lujo disfrutamos de un concierto íntimo y sabroso, donde la energía fluyó entre todos como una corriente deliciosa. Lástima que hubiera una mesa concurrida y cacofónica que a ratos prestaba atención como en otros momentos desataba un pequeño infierno de risas y voces. Pero el talento, ya lo dije, se esconde donde menos lo esperamos:
-¿No te has fijado? -me dijeron luego, cuando la reunión se hubo disuelto- Estaba entre ellos el poeta Eduardo García, premio Nacional de la Crítica.

2 comentarios:

Ilya U. Topper dijo...

Rakel Winchester es grande. No recuerdo quién me puso un día su disco. Ni recuerdo por qué no lo tengo en mi estantería. Sólo sé que me sé una decena de sus estribillos de memoria. ¿Poca vergüenza? Ninguna vergüenza. "Tócame, vida mía/ y ahora tócame entre las piernas / la de Paco de Lucía". Esa es la más suave. Hay incluso una censurada. Deberían incluirla como material didáctico en esta campaña de educación sexual que han hecho para adolescentes en Extremadura y que se llama El placer está en tus manos.

Winchester dijo...

Oigan ustedes.. MUCHÍSIMAS gracias por lo que me toca. Un besazo.