viernes, 19 de septiembre de 2008

De Bienal (II): Palomar, puro Cai

El día del concierto de Madonna yo tenía que estar en realidad en el Teatro Alameda, viendo cantar para el baile a David Palomar. No puede decirse que seamos amigos, pero muchos años de coincidencias y afinidades han propiciado una simpatía que creo mutua y sincera. Quiero recordar aquí algunos de esos momentos para explicar cómo he vivido la evolución de este artista entrañable y encantador.
La primera cala de este recordatorio se remonta a más de diez años atrás. Me subo a un talgo, destino Madrid, sin haber dormido en toda la noche y con una resaca atroz. El vagón está vacío, me desplomo e intento conciliar el sueño. Entonces sube un tropel de flamenquitos y se pasan las cinco horas de trayecto cantando y tocando. Están excitadísimos, para algunos es la primera vez que viajan fuera de Cádiz. Es el grupo de flamenco pop Levantito, que va a la capital a grabar el que sería su primer disco, apadrinados por Miguel Bosé. Entre ellos va Palomar. Le echan tanto arte que soy incapaz de protestarle al revisor.
Segundo recuerdo: noche mágica en el Cambalache Jazz Club, con un Pepe de Lucía muy inspirado, guitarras y tragos hasta las tantas. Palomar se arranca y descubro ahí al cantaor en trance de curtirse, pero muy bien encaminado. Tiempo después no me costó convencer a Antonio de Cos para que lo invitara a su documental Veinte años no es poco, del que tuve el honor de ser guionista. Las bulerías de Palomar son de lo mejor de la cinta, una impagable subidón de gracia y energía.
Tercero: estoy recién instalado en Sevilla y almuerzo solo en una terraza de la calle Feria. Descubro que en la mesa de al lado está Palomar con dos amigos, nos saludamos y seguimos a la nuestro. Pero no puedo evitar oír la artillería de chistes y comentarios sobre todo lo que se mueve alrededor que los tres disparan a discrección. Y tienen tanto ángel que en un momento dado tengo que pedirles una tregua, porque de la risa se me va a atragantar la comida.
Esa mezcla de gracia natural, de talento artístico y de facultades las reconozco gozosamente en Trimilenaria, el primer y reciente disco de Palomar en solitario. Yo, que hoy me entiendo con Cádiz como con una novia con la que no se ha acabado del todo bien, me reconcilio con la ciudad cada vez que oigo a Palomar cantar. Los mejores atributos de esa Bahía están en la voz y en la persona, siempre humilde y cercana, de don David Palomar. ¡Qué me van a contar a mí de Madonna, home ya!

2 comentarios:

enrisco dijo...

Alejo, ahora fue que vi tu comentario en mi blog. que bueno que te gusto' el libro. en estos dias te tengo que escribir por un asuntillo y no tengo tiempo porque Mane' me tiene trabajando como un galeote para la revista (diselo, diselo). y si, nos vemos donde sea. saludos a la ninfa y un abrazo.

bustrófedon dijo...

No conocía a Palomar, ¡pero lo busco ahora mismo!